Crítica: La buena vida según Carlos Torres

  • Autor:
  • Fecha: 24/10/2007

Siempre atenta a los vaivenes del mercado, la cocina de La Buena Vidase esfuerza en recuperar el sabor natural de los productos de temporada.

La Buena Vida
  • Tipo de cocina: Creativa
  • Especialidad: Setas y atún rojo
  • Dirección: Conde de Xiquena, 8. Madrid
  • Teléfono: 91 531 31 49

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En la visión de Carlos Torres y Elisa Rodríguez, cocinero y responsable de la sala, respectivamente, "la buena vida" se concreta en torno a la cocina y, de forma particular, en la que podríamos llamar cocina del producto. La búsqueda de la calidad de la materia prima es el argumento principal de una propuesta culinaria que se configura a través de una alternativa variada y cambiante con los días, que llama siempre la atención del cliente y permite adaptar la carta a los vaivenes del mercado. Algo que podía parecer lógico y hasta normal hace apenas quince o veinte años pero que empieza a convertirse en una rareza; el producto se agota y perseveramos en nuestra incapacidad para salvarlo del desastre.

La fórmula es tan simple como eficaz: una carta breve con referencias sin demasiadas complicaciones -alcachofas fritas con berberechos, pasta y arroz del día, secreto ibérico de bellota pura, lomo de atún al sésamo, lomos de dorada salvaje con verduritas...- y una serie de sugerencias del día que duplican la capacidad del restaurante para romper con la monotonía que supone la oferta de una carta fija.

Entre los platos permanentes hay dos sorpresas más que interesantes. La mayor la proporcionan las alcachofas fritas con berberechos y jamón ibérico; un mar y montaña repleto de guiños y cruces de sabores y texturas en el que el berberecho acaba mostrando su predominio. El otro es el bacalao negro macerado en miso y terminado al horno, un plato de raíces orientales que subyuga por la sutil combinación de dulces y salados que propone en el plato.

Hay más referencias que muestran, plato a plato, una cocina que se preocupa por buscar combinaciones sencillas, aunque a menudo llamativas. Sucede con un gazpacho que llega adornado con una cola de cigala que, lejos de quedar oculta por los condimentos que marcan la vida de esta genial sopa andaluza, acaba mandando en la reunión. Otro ejemplo de que la simplicidad no está reñida con la brillantez son las láminas de boletus edulis, marinadas en crudo con unas gotas de aceite de oliva virgen magníficamente elegido. Parece como si en esta casa cumplieran a rajatabla uno de los preceptos que marcó la revolución culinaria de los ochenta: la recuperación y el respeto por los sabores naturales de los productos, aunque se aborde desde diferentes perspectivas, como las presentadas con el atún rojo al sésamo (mínimo tratamiento que exige un control absoluto del punto de cocción) o con el pato salvaje, un buen ejemplo de la cocina de la caza que ya se ha abierto paso en la oferta de La Buena Vida.

Ignacio Medina

Puntos fuertes

Un local reducido, en forma de tubo, que recoge la luz de las cristaleras de la fachada -algo agobiado por una barra a todas luces excesiva-, una oferta culinaria que poco tiene que ver con lo que se intuye de la lectura de la carta colgada en la fachada, y una oferta de vinos que se extiende por un buen número de bodegas nacionales, francesas, alemanas y portuguesas.

Fecha de publicación de esta crítica: 26/10/2007

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Ignacio Medina- 08/04/2011

Elisa Rodríguez y Carlos Torres celebran una década de La Buena Vida asentados sobre dos principios: la calidad y la temporalidad del producto.

Ignacio Medina- 25/01/2013

Carlos y Elisa son los autores de una carta fiel a los dictados de la temporada y en la que brillan las croquetas y la raya a la mantequilla negra.

Pedro Espinosa- 14/05/2015

Una cocina que, al ritmo de las estaciones, trabaja productos únicos con la dosis de técnica que requieren para cocinarlos.

Pedro Espinosa-

Calidad del producto, acierto y sensibilidad en su interpretación, cariño por el vino... este restaurante es un lugar al que regresar.
Carlos Torres ha volcado su vocación por una cocina con sensibilidad en esta antigua casa de comidas convertida en restaurante posmoderno.

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