Crítica: Disfuncionalidades de familia burguesa a la carta en una prescindible radiografía de afectos torcidos sostenida por un elenco muy sólido

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
Toda la culpa es de mi madre

Lo mejor:
El fenomenal reparto

Lo peor:
Lo trilladísima que está la fórmula

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  • Género: Comedia dramática
  • Fecha de estreno: 18/12/2009
  • Director: Cécile Telerman
  • Actores: Mathilde Seigner (Alice Celliers), Olivier Marchal (Jacques de Parentis), Pascal Elbé (Antoine Celliers), Charlotte Rampling (Mady Celliers), Patrick Chesnais (Henry), Sophie Cattani (Annabelle)
  • Nacionalidad y año de producción: Francia, 2009
  • Calificación: No recomendada menores de 7 años

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A vueltas con las cicatrices de clan, con las disfuncionalidades familiares y las diatribas morales y sentimentales de la familia burguesa, el cine galo ha encontrado un desproporcionado filón. Subgénero de subgéneros, el cine coral de gran familia desunida orienta las preferencias del cine comercial y de autor de aquellos lares de un tiempo a esta parte, y como no podría ser de otro modo el overbooking comienza a espantar.

Cecile Telerman pensó que si otros sí por qué ella no, y dicho y hecho se apuntó al carro acuñando la fórmula oficial y procediendo a diseccionar el infierno afectivo de una familia, como todas, mal avenida, que descifra sus limitaciones, como todas, en la interpretación de la herencia moral y emocional de los progenitores que, como reza el descriptivo título, tienen la culpa de todos los males que atañen a sus desarraigados retoños. Telerman trata de significarse aplicando un barniz fabulístico al desaguisado de dependencias padre-hijo, hermano-hermano y obligando al respetable a comulgar con ruedas de molino. Su película abusa de las casualidades hasta agotar la paciencia y lo inverosímil o, en el mejor de los casos, lo improbable, campa a sus anchas con total impunidad.

"Toda la culpa de mi madre" es una película representativa, con todos los contras que eso encierra, es indistinguible de otras prácticamente idénticas y, para colmo, su estrategia de distinción es a la postre su peor baza. Típica y tópica ensalada de inestabilidades sentimentales con el mismo apellido, la cinta de Telerman se sostiene, si lo hace, por culpa de la inmejorable ratio de grandes actores por metro cuadrado. Lo demás ya lo hemos visto, lamentablemente, una y otra vez.

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