Crítica: Bennett Miller reflexiona sobre el significado del éxito individual y colectivo en una lograda película de béisbol que no deja huella

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
Moneyball: Rompiendo las reglas

Lo mejor:
Un guion impecable y una realización a la altura

Lo peor:
Todo muy correcto pero casi nada memorable

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  • Género: Drama
  • Fecha de estreno: 03/02/2012
  • Director: Bennett Miller
  • Actores: Brad Pitt (Billy Beane), Tammy Blanchard (Elizabeth Hatteberg), Philip Seymour Hoffman (Art Howe), Robin Wright (Sharon), Chris Pratt (Scott Hatteberg), Jonah Hill (Peter Brand), Stephen Bishop (David Justice), Brent Jennings (Ron Washington), Arliss Howard (John Henry)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2011
  • Calificación: Todos los públicos

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Moneyball: Rompiendo las reglas, el libro, era poco más que un manual de supervivencia práctica en el negocio del béisbol moderno. Adaptarlo viene a ser algo así como poner en imágenes las Páginas Amarillas, por ese motivo Steven Zaillian y Aaron Sorkin se merecen un Oscar, por dotar de estructura y calor humano a un listado de cifras y estadísticas. Bennett Miller también pone de su parte; su película órbita alrededor de personajes de carne y hueso, de conflictos micro con consecuencias macro impecablemente expuestos.

En fin, Moneyball: Rompiendo las reglas es cine amparado en el incontestable oficio de un puñado de excelentes profesionales que cuestionan a expensas de una dramaturgia hábilmente tragicómica la vigencia del concepto tradicional de éxito, el sentido de una manera arcaica de entender el deporte que lo es también de entender la vida.

El problema es que las conclusiones inquietan más que confortan. La cinta está años luz de los dramas deportivos épicos al uso, y aunque empatizamos con la heroica coherencia personal y profesional de un hombre solo que consigue inventarse a un grupo de campeones (en el sentido moral y no literal del término) de la nada a base de imaginación y audacia. Pero aquí no hay clímax con marcador echando humo en la antesala de una explosión de júbilo en la que David derrota a Goliath validando la eterna vigencia del sueño americano.

Miller busca la escala más pequeña posible oscilando, con muy buen criterio, entre el drama inspirador al uso, y una comedia de circunstancias, cínica y espontánea. El resultado es tan loable como escasamente perdurable. Su película certifica la muerte de una gestión humana del grupo (aquí deportivo, pero es extensible a cualquier ámbito del mundo laboral) en favor del pragmatismo de una fría calculadora.

Moneyball: Rompiendo las reglas no conmueve porque la victoria de su tenaz protagonista es la constatación de que la lírica murió aplastada por los números, por los balances, por las probabilidades matemáticas. Digamos que Miller exprime la naranja al límite mismo de su potencial, y la arquitectura del guion de Zaillian es soberbia. La catarsis individual está muy conseguida, pero el leit motiv de la misma es frío como el metal.

Sí es, cierto, es una notable película de béisbol, que probablemente será mejor entendida allí que aquí por universal que sea la redención del heroico manager de los Oakland Athletics. Más allá de eso es posible que Brad Pitt se lleve finalmente el Oscar que lleva tantos años rondando, y quizá cuando lo consiga decida relajarse y eliminar de su registro ese horrible tic de mandíbula que arruina sistemáticamente la práctica totalidad de sus composiciones.

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