Crítica: La mujer definitiva.

  • Autor: Ignacio Pablo Rico
  • Fecha:
Lucy

Lo mejor:
 Los últimos diez minutos nos reservan algunas de las imágenes más extrañamente bellas e insólitas del año, fruto de un exhuberante lirismo kitsch sin miedo al ridículo.

Lo peor:
Los subrayados innecesarios.

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  • Género: Acción
  • Fecha de estreno: 22/08/2014
  • Director: Luc Besson
  • Actores: Scarlett Johansson (Lucy), Analeigh Tipton, Morgan Freeman (Profesor Norman), Pilou Asbæk (Richard), Min-sik Choi (Kang ), Amr Waked, Mason Lee, Michèle Raingeval, Isabelle Cagnat, Julien Personnaz
  • Nacionalidad y año de producción: Francia, 2014
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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Una leyenda urbana seudocientífica -aquella que asegura que los seres humanos utilizamos apenas un 10% de nuestra capacidad cerebral- es el detonante del mejor largometraje que haya rodado en más de quince años ese cineasta balbuciente y eternamente púber que es Luc Besson. Porque el director, habitualmente insoportable, consigue que funcione casi mágicamente un cóctel de ciencia ficción pulp y película de tiros adrenalítica que nos reserva algunas de las secuencias más sugestivas del año, aparte de formular una revisión del actioner contemporáneo que merece ser tenida en cuenta.

 La transformación de Lucy (magnética Scarlett Johansson) en una semi-deidad capaz de manipular con libertad la materia y el tiempo tras entrar accidentalmente en contacto con una poderosa droga es el punto de partida de este disparate fascinante, intrépido filme sin miedo ni complejos que invita a ser experimentado libre de prejuicios. Besson condensa el relato en 90 minutos concisos y trepidantes: la narración del salto evolutivo de la mujer hacia la post-mujer; una mutación que es, asimismo, reminiscencia platónica, renacimiento primitivista.

 Desde un punto de vista formal, Lucy es igual de metamórfica que su protagonista. Sus hipnóticas set-pieces nos sumergen en un estado de perpetuo movimiento, un destilado de cine digital, shooters en tercera persona y arte conceptual naif; mejunje estilístico que encuentra un equilibrio imposible bajo la batuta del realizador galo, quien pareciera haber recuperado el oficio y el pulso que ostentara en producciones como Kamikaze 1999 (1983) o Nikita, dura de matar (1990).

 Este pastiche que, sin lugar a dudas, deleitará a los cazadores incansables de citas pop, despliega además una serie de reflexiones, de raigambre feminista, en torno al estatus marginal de la mujer en el cine de acción. Besson propone un modelo de heroína que bebe de la imaginería subversiva de la brujería: una hechicera llamada a dinamitar el orden (patriarcal) establecido y a reescribir la historia de la humanidad.

 Concebida en una libertad inusual, Lucy ofrece, de manera única, entretenimiento de alta categoría. Una rareza tan disfrutable en su vertiente más puramente genérica como estimulante por sus piruetas expresivas y sus múltiples niveles de lectura.

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