Crítica: Steven Spielberg y un Daniel Day-Lewis majestuoso retratan con rigor el hombre y el icono que fue Lincoln con un proverbial elogio de la alta política

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
Lincoln

Lo mejor:
La muy oportuna reivindicación de lo político

Lo peor:
Cierta indefinición en algunos personajes secundarios

Valoración GDO


Valoración usuarios
  • Actualmente 3.5 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
3.4
51 votos

Gracias por tu valoración!

Ya has valorado esta página, sólo la puedes valorar una vez!

Tu valoración ha cambiado, gracias por contribuir!

  • Género: Biográfica
  • Fecha de estreno: 18/01/2013
  • Director: Steven Spielberg
  • Actores: Daniel Day-Lewis (Abraham Lincoln), Sally Field (Mary Todd Lincoln), David Strathairn (William Seward), Joseph Gordon-Levitt (Robert Lincoln), James Spader (W.N. Bilbo), Hal Holbrook (Preston Blair), Tommy Lee Jones (Thaddeus Stevens), John Hawkes (Robert Latham), Jackie Earle Haley (Alexander Stephens), Bruce McGill (Edwin Stanton), Tim Blake Nelson (Richard Schell), Jared Harris (Ulysses S. Grant)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2012
  • Calificación: No recomendada menores de 7 años

+ info

Frecuentemente ensuciadas por un exceso de entusiasmo melodramático, por un arrebato de sentimentalismo pueril y por un énfasis didáctico de director novato, las películas históricas de Spielberg planean entre la genialidad de la crónica coherentemente fílmica del pasado y la idealización sensiblera del héroe, o el antihéroe, del que rara vez el director de E.T. consigue no enamorarse. Es decir, que Spielberg apunta maneras de pésimo biógrafo, por culpa de su incapacidad aparentemente patológica de distanciarse de la epopeya del personaje protagónico al que, frecuentemente, termina beatificando.

Malos antecedentes para hincar el diente a la vida y milagros del presidente al que todos los americanos aman incondicionalmente. No se nos interprete mal; Spielberg es un cineasta superdotado para lo emotivo, pero, admitámoslo, tiene deslices de director manipulador que suelen empañar el calado de sus mal llamadas películas "serias".

En ese sentido Lincoln nos descubre un Spielberg nuevo. Es más, de hecho, lo que nos dice de Spielberg que del propio Lincoln, un personaje mítico cuyos méritos conocen de oídas hasta los alumnos de la LOGSE. Parapetado detrás del rigor documental del libreto de Tony Kushner, que disecciona exhaustivamente las circunstancias que rodearon a la crucial votación en el congreso de la 13ª enmienda que aboliría la esclavitud de una vez por todas, Spielberg no cede esta vez a la tentación del subrayado trágico. Lincoln es el filme histórico más desapasionado de Spielberg, y ello redunda íntegramente en su favor.

Ni Kushner ni Spielberg pueden evitar la idolatría, el maquillaje del reverso sombrío en la biografía del ex-presidente americano por antonomasia. Su película es, inevitablemente, sobre el Lincoln icono, pero esta vez hay un porqué y, además, la simpatía no se expresa a través de un pegajoso baño de almíbar. Lincoln no es una película de seguimiento fácil para profanos en la materia; Spielberg ha sido más puntilloso y leal al relato de los libros de historia que nunca, y eso quizá decepcione a sus más aguerridos incondicionales.

Lincoln no es aquí tanto un héroe como un símbolo, un mártir de la causa justa abolicionista y democrática. Un ídolo político para tiempos oscuros, los nuestros, en que la política ha muerto bajo la presión feroz del gran capital y el arbitrio de los mercados y los poderes fácticos financieros. Lincoln reivindica la grandeza de la alta política, la hermosa epopeya de la democracia, el valor del estadista frente al político, y ubica a Lincoln en una posición de referente moral, como ejemplo de gobernante honesto y largoplacista en tiempos de crisis. América, y el resto del mundo, nos vende Spielberg, necesitan Lincoln para sortear la marejada perpetua de un tiempo en el que se necesitan líderes firmes, que sepan tomar decisiones firmes ante la envergadura del desafío, ante la dimensión histórica de este agitado presente del que tanto dependerá lo que seamos en el futuro. Spielberg hace de Lincoln un personaje de actualidad rabiosa, y lo hace con rigor, sin símiles ni metáforas de perogrullo.

Su película, además, no sacrifica lo histórico en aras de lo épico y por ello el de Lincoln es un Spielberg cuasi inédito. Decíamos que el pantanal político alrededor de la votación de la crucial enmienda se las trae, que cuesta seguir el rastro de personajes episódicos poco familiares al espectador no ducho en historia. Lincon es, sin duda, el Spielberg menos complaciente hasta la fecha. Pero la clave es precisamente esa: el héroe no es tanto Lincoln como la política y el congreso. Se acusa falta de definición en secundarios cruciales, probablemente maltratados en la sala de montaje (muy especialmente Robert, el hijo mayor del presidente).

Demasiados personajes episódicos con los que no creamos vínculo emocional alguno. Pero la pertinencia del elogio de lo político es proverbial, el rigor del relato incontestable, la excelencia narrativa, nobleza obliga, también, y el Lincoln, entre el icono y el hombre común, que inmortaliza la portentosa capacidad mimética de Daniel Day-Lewis, es de las que dejan huella.

Ir a la película >

Por la situación actual, algunos eventos, salas y establecimientos pueden estar cancelados, cerrados o con restricciones de acceso y horario.