Crítica: Libros de caballería

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha: 26/12/2014
Kaplan

Lo mejor:
Las reflexiones de fondo que suscita la película.

Lo peor:
Sus hechuras formales.

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  • Género: Comedia dramática
  • Fecha de estreno: 25/12/2014
  • Director: Álvaro Brechner
  • Actores: Héctor Noguera (Jacobo Kaplan), Néstor Guzzini (Contreras), Rolf Becker (The German), Nidia Telles (Rebeca), Nuria Fló (Lottie), Leonor Svarcas (Estrella), Gustavo Saffores (Isaac), Hugo Piccinini (Elias), Cesar Jourdan (Carlos), Jorge Bolani (Kilgman)
  • Nacionalidad y año de producción: Uruguay, España, 2014
  • Calificación: Todos los públicos

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Kaplan es el enésimo ejemplo de cine geriátrico, cine con y para mayores, que llega en los últimos años a nuestras pantallas. Sin embargo, lejos de constituirse, como El exótico Hotel Marigold (2011) o la todavía en cartel Así nos va (2014), en película realizada con el único objetivo de halagar a cierto sector demográfico de la audiencia, el nuevo largometraje tras Mal día para pescar (2009) del guionista y director Álvaro Brechner, elegido ya para representar a Uruguay en los próximos Óscar y Goya, ambiciona provocar en el espectador una reflexión sobre lo ilusorio y el olvido, que tan malas pasadas juegan en edades provectas a la memoria.

Para ello, basándose en la novela del escritor colombiano Marco Schwartz El salmo de Kaplan, Brechner nos hace partícipes de las vicisitudes del anciano que da título al film, Jacobo Kaplan ( Héctor Noguera ), apenas satisfecho con una vida que le ha procurado una ocupación digna y una familia. Jacobo siente a sus espaldas el peso de la monotonía y la decepción, como consecuencia de creer que defraudó cuando era joven a sus padres; estos, de ascendencia judía, antes de ser exterminados durante la Segunda Guerra Mundial le hicieron responsable de preservar sus creencias, cosa que Kaplan ha hecho como emigrante en Uruguay solo de manera oficialista, mesurada.

Nuestro protagonista, en definitiva, se siente culpable a la vez por haber sobrevivido al Holocausto, y por no haber podido protagonizar en los sesenta años siguientes ningún acto heroico o vindicativo relacionado con el tema. Pero eso puede cambiar cuando empieza a sospechar que el achacoso dueño alemán de un chiringuito de playa, podría ser un nazi oculto en el país desde 1945 con identidad falsa. Kaplan decide agotar sus últimos cartuchos existenciales intentando averiguar a toda costa la verdad, como hiciesen Simón Wiesenthal y otros prestigiosos cazadores de nazis. Para ello contará con la ayuda de Contreras (Néstor Guzzini), un ex policía alcohólico para quien el empeño de su nuevo amigo también supone una oportunidad de redención.

Debe decirse que la intriga peripatética a la que se arrojan Kaplan y Contreras adolece de todos los tics cómicos y trágicos imaginables, así como de cierta autocomplacencia: véase o, para ser más exactos, escúchese, la untuosa voz en off de Héctor Noguera que puntúa el relato. Y la construcción dramática y narrativa de la película es asimismo de lo más convencional, perfecta para ser asimilada sin problemas por públicos de todo el mundo. La segunda película de Brechner, como La casa muda (2010) o Kamikaze (2014), es muestra de la estandarización e internacionalización crecientes del cine uruguayo, que han puesto en entredicho críticos como Agustín Acevedo.

En cambio, lo tocante a la relación entre Kaplan y Contreras, reminiscente de la que entablaban Don Quijote y su escudero Sancho, es mucho más interesante. No solo por el respeto y la amistad que las imágenes saben articular entre ellos, sino en virtud de la necesidad que tienen ambos personajes, cuando quizás ya es tarde, de ser algo más, incluso a costa de distorsionar la realidad hasta hacer de ella algo irreconocible; será a lo que se vea abocado paradójicamente Kaplan en un desenlace perturbador.

En este sentido, y dado que la película aborda la cuestión judía, Brechner se atreve –y es otro de los puntos fuertes de la película–, a ser políticamente incorrecto, al recordarnos, como han hecho Norman Finkelstein, Boas Evron y otros intelectuales, que credos dogmáticos como la conciencia del Holocausto son susceptibles de enajenar la individualidad al ser "una producción masiva de consignas y falsas visiones del mundo, cuyo verdadero objetivo no es en absoluto la comprensión del pasado, sino la manipulación del presente". Al fin y al cabo, Kaplan es la historia de una víctima psicológica de esa manipulación.

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