Crítica: Paul Greengrass explora en clave de trepidante thriller bélico la patraña de las armas de destrucción masiva iraquí con fundamento y gran contundencia

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
Green Zone. Distrito protegido

Lo mejor:
El ensamblaje entre el thriller y el sustrato político-militar

Lo peor:
Se parece demasiado a otras películas recientes que tocan el mismo palo

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  • Género: Thriller
  • Fecha de estreno: 12/03/2010
  • Director: Paul Greengrass
  • Actores: Matt Damon (Roy Miller), Greg Kinnear (Clark), Amy Ryan (Lawrie Dayne), Brendan Gleeson (Agente), Jason Isaacs (Mayor Briggs )
  • Nacionalidad y año de producción: Reino Unido, EE.UU., Francia, 2010
  • Calificación: No recomendada menores de 13 años

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Dice Paul Greengrass que su última criatura no es una película sobre la guerra de Irak, sino ambientada en, que es cosa distinta. Miente. Ese rollo elusivo, como de pedir perdón por hincar el diente en el orgullo americano no es más que una estrategia para vender la película. Tiene narices que todos los que se escudan en ese argumento, llámense Greengrass, Ridley Scott o Peter Berg, firmantes estos últimos de "Red de mentiras" y "La sombra del reino", películas ambas muy afines en principios a la que nos ocupa, se tengan que andar por las ramas limando la punta del machete para convencer al personal de que lo que van a encontrarse es cine de tiros, persecuciones y de aparcar neuronas. "Green Zone" es más política, del derecho y del revés, que muchas de aquellas otras películas sobre la guerra de Irak que llevan grabado a fuego sobre la frente el estigma de cine denuncia.

Sí, es una película de acción de cámara inquieta (como todas ahora, pero a Greengrass se lo perdonamos porque es genio y rey de la cámara al hombro), con complejas operaciones tierra-aire y cantidad de iraquíes acechantes con amenazante pinta de esconder una bomba de relojería debajo de la chilaba. Y en todo ese plano de acción a bocajarro con tensión asfixiante, "Green Zone" está siempre en su sitio dando vidilla a quienes pasan por caja con idea de no complicarse la existencia y flipar con elaboradas coreografías balísticas de ida y vuelta; pero Greengrass se acuerda de la madre de Bush, llamándole conspirador mafioso y cantándole las cuarenta, con criterio, por su infame unilaterlismo intervencionista post 11 - S.

El director británico nos vende lo que ya sabíamos; que en Irak nunca hubo armas de destrucción masiva, que todo fue un impresentable contubernio inmoral entre el gobierno y los servicios secretos norteamericanos para diseñar una coartada aseada e internacionalmente presentable para maquillar intereses oscuros y políticas muy poco democráticas. Y por más obvio que sea a día de hoy este discurso hay que tener bemoles para darle cancha a plena luz del día en una superproducción destinada al consumo de masas de medio mundo. "Green Zone" no se corta un pelo, y dibuja un panorama ciertamente nada halagüeño de aquello en lo que la paranoia y otras cosas están convirtiendo al estado norteamericano y sus políticas imperialistas neo conservadoras. Si eso no es ser político que venga Dios y lo vea.

De tal manera pega el director de "United 93" en la diana con una película que equilibra muy resultona el jaleo puro y duro de una película de acción fuera borda y el rigor de una contextualización político-militar que da mucho juego y a la que Greengrass sabe exprimir el zumo. Le falta un hervor para estar al lado de la, a nuestro juicio, excelente "Red de mentiras", y desde luego decepcionará seguro a quien pase por taquilla con la idea de ver un piloto de Bourne 4.

No suenan por ahí los tiros, pero entre que Greengrass es un realizador de lujo (algo cansino, admitámoslo, con el tembleque visual), que Matt Damon es cada día un actor más solvente, y que el libreto se dirige, sin alardes ni complicaciones, a espectadores pensantes, la película funciona y regala dos horas de evasión con considerable enjundia.

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