Artículo: Una verdad incómoda

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha: 12/03/2010

Matt Damon busca sin éxito armas de destrucción masiva en Iraq a expensas de Paul Greengrass, en un thriller trepidante y políticamente muy incorrecto.

Green Zone. Distrito protegido
  • Género: Thriller
  • Fecha de estreno: 12/03/2010
  • Director: Paul Greengrass
  • Actores: Matt Damon (Roy Miller), Greg Kinnear (Clark), Amy Ryan (Lawrie Dayne), Brendan Gleeson (Agente), Jason Isaacs (Mayor Briggs )
  • Nacionalidad y año de producción: Reino Unido, EE.UU., Francia, 2010
  • Calificación: No recomendada menores de 13 años

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La Guerra de Iraq, como argumento y filón cinematográfico, se lleva. Apenas unos días después de que Kathryn Bigelow dejase a su ex James Cameron con un palmo de narices en la gala de los Oscar, el día en que En tierra hostil, crónica del día a día de un grupo de artificieros en el campo de minas del suelo iraquí, se cubrió de gloria, Paul Greengrass destina a Matt Damon a Bagdad en infructuosa búsqueda bajo las piedras de armas de destrucción masiva. Pero el registro y el tono es otro totalmente diferente. Lejos de la pequeña escala indie de películas como la citada, el Redacted de Brian De Palma o La batalla de Haditha, entre otras, Green Zone se mira en el espejo de Red de mentiras de Ridley Scott o La sombra del reino de Peter Berg: es decir, el conflicto en sí no es sino el atrezo de un thriller de acción altovoltaico, de iraquíes acechantes en las esquinas con gesto de terrorista en potencia y, lo cortés no quita lo valiente, una postura crítica nada complaciente que cuestiona sin rodeos la gran estrategia del imperio estadounidense post 11-S, basado en doctrinas intervencionistas con olor muy rancio.

Greengrass se empeña en dejar claro que su película no es cine sobre la guerra de Iraq, pero miente. Es verdad que el ingrediente principal es la tensión a bocajarro y cámara al hombro de un espectáculo a tiro limpio tierra-aire; pero no es menos verdad que Green Zone dispara sin piedad contra la administración Bush y contra los servicios secretos estadounidenses, arquitectos de un conflicto cimentado en mentiras y aireando la impune conspiración de las tristemente célebres armas de destrucción masiva que nunca fueron. Matt Damon, en su tercera colaboración con Greengrass después de las dos últimas entregas de la saga Bourne, se mete en la piel del subteniente Roy Miller, encargado de encontrar las dichosas armas que han de justificar la invasión de Irak. Las armas no aparecen y poco a poco Miller empieza a comprender que hay gato encerrado. Con la colaboración de un delegado de la CIA honrado (Brendan Gleeson), el mosqueado soldado se enrola en el bando de quienes tratan de destapar la indecente conspiración, orquestada por un mayoritario sector del gobierno y de la inteligencia americana (con Greg Kinnear a la cabeza).

Filmada parcialmente en España, en la murciana base de Los Alcázares, la cinta presume de realismo semi documental; un poco por el rigor a quemarropa del estilo Greengrass y otro poco por contar en su reparto con un nutrido grupo de veteranos reales de la guerra de Iraq, incluidos cazadores de armas de destrucción masiva, peones obedientes del mayor montaje bélico de la historia reciente.

Y además

Hollywood a sus pies

• Natural de Boston, donde vino al mundo hace 39 años, Matt Damon, por cuyas venas corre sangre finlandesa y escocesa, se inició en el teatro siendo aún un chaval, a la vez que hacía sus primeros pinitos como escritor, en compañía de su mejor amigo, un tal Ben Affleck.
• Fue un estudiante modelo, motivo por el cual consiguió una beca para estudiar en Harvard. Todo iba más rápido de lo previsto y por aquel entonces Damon comenzaba a manejar sus primeras ofertas para debutar en el cine.
• Decidió colgar definitivamente los estudios y centrarse en su carrera actoral. Debutó a la sombra de Julia Roberts con un pequeño papel en Mystic Pizza, allá por 1988. Su explosión no fue inminente. Damon tuvo que trabajárselo en películas como Gerónimo o En honor a la verdad, antes de dar la campanada en 1997.
• Aquel fue su año de todas todas. Gus Van Sant llevó al cine un guión escrito por él mano a mano con su amigo Affleck. Damon además protagonizaba la cinta, y el resto ya es historia. El indomable Will Hunting arrasó en taquilla y coleccionó múltiples candidaturas al Oscar. Damon no ganó como mejor actor, aunque estaba nominado, pero sí como mejor guionista. Ese mismo año Persiguiendo a Amy, Legítima defensa, y doce meses después Salvar al soldado Ryan lo catapultaron definitivamente al estrellato.
• El tiempo no ha hecho sino consagrarlo como una de las grandes estrellas de la industria; los mejores directores se pegan por trabajar a su lado. La saga Bourne, Ocean’s Eleven y sus secuelas, Infiltrados, El buen pastor o Invictus (por la que defendió su segunda candidatura al Oscar como actor) le hacen codearse con Greengrass, Soderbergh, Scorsese, De Niro o Eastwood. Casi nada.

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