Crítica: Cine de clase media.

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Barbacoa de amigos

Lo mejor:
Lambert Wilson, más allá del bien y del mal.

Lo peor:
La insistencia nada inocente en que uno se puede dar por satisfecho en esta vida con llenar el buche.

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  • Género: Comedia
  • Fecha de estreno: 25/07/2014
  • Director: Eric Lavaine
  • Actores: Lambert Wilson (Antoine Chevalier), Franck Dubosc (Baptiste), Lionel Abelanski (Laurent), Jérôme Commandeur (Jean-Mich), Sophie Duez (Véronique Chevalier), Valérie Crouzet (Nathalie), Nabiha Akkari (La voisine), Antoine Blanquefort (Profesor Blomet), Guillaume de Tonquedec, Julie Engelbrecht (rubia guapa)
  • Nacionalidad y año de producción: Francia, 2014
  • Calificación: No recomendada menores de 7 años

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La semana pasada, uno de nuestros compañeros de críticas en esta página, Ignacio Pablo Rico, concluía que la sensación autoral de la temporada, La chica del 14 de julio, está "obcecada antes en complacer a una cierta cinefilia que se deleita reconociendo las huellas de sus referentes Nouvelle Vague, que en dinamitar un orden cultural del que teóricamente abjura, pero en el que, a su pesar, se inscribe".

El estreno que ahora abordamos viene a subrayar la idea de que el cine francés murió hace tiempo de éxito; de que, en su mayor parte, simula vitalidad a base de clonar una y otra vez determinados modelos argumentales y formales, tan adocenados como los que suele brindar el cine estadounidense. Aunque, bañados por una pátina de calidad codificada como tal, de la que gusta una clase media económica y existencial con aspiraciones a lo sofisticado.

Todo sea dicho, Barbacoa de amigos se mueve en un registro antagónico, y mucho más popular, que aquel al que se adscribe La chica del 14 de julio, como demuestra el hecho de que en su país de origen haya sido vista por dos millones de espectadores: el de la comedia amable sobre el arte del buen vivir, la celebración de lo cotidiano y lo hedonista. Un registro que apunta ocasionalmente, en virtud del protagonismo coral de muchas de sus muestras, a la crítica social; pero que casi siempre desemboca en oda banal al comer, el beber, y el fornicio pequeñoburgués con la mujer del vecino.

Barbacoa de amigos no es una excepción. Lambert Wilson, el George Clooney o Imanol Arias francés, encarna en ella a Antoine; un ejecutivo que, a punto de cumplir cincuenta años, sufre un infarto de miocardio. Superado el trance, Antoine da de lado el estilo de vida que llevaba, centrado en la simulación, tanto da si en su trabajo o en su esfera privada. Lo que, inevitablemente, repercutirá en las relaciones que mantiene desde hace décadas con su pareja, y con su grupo de amigos íntimos forjado en tiempos universitarios.

Sin embargo, Antoine tampoco acertará a la hora de componer su nuevo yo ácrata y honesto. La verdadera sabiduría tendrá menos que ver con los juicios sumarísimos, que con la comprensión de que todo ha de cambiar para que nada cambie. O esa es al menos la moraleja que al co-guionista y director Eric Lavaine, artífice previo de películas tan poco recomendables como Poltergay (2006) y Proteger & Servir (2010), le interesa aplicar con modos cuasitelevisivos a Barbacoa de amigos: suma y sigue flácido de comidas, vacaciones, cenas y partidos de fútbol compartidos por gente de mediana edad que, cuando no está especulando con propiedades inmobiliarias y terrenos, se está acostando con el cardiólogo de su marido, haciendo gárgaras con vinos de setecientos euros la botella, o despidiéndose con arrojo, dada su edad madura...del millonario negocio farmacéutico que regenta su padre y en el que ha enchufado a su hijo.

En este aspecto, se piense lo que se piense de La chica del 14 de julio, hay que reconocerle el intento por debatir en su seno la Francia en crisis de hoy. Mientras que Barbacoa de amigos es un Antoine en el Pa(r)ís de las Maravillas, donde se tiene trabajo o no según apetece; se comparte la marihuana con los retoños de los amigos por aquello de educarlos en los placeres de la existencia; y se ostenta siempre un bronceado perfecto, a juego con camisas de lino cuya marca publicitan subrepticiamente las imágenes. No hay que engañarse porque esta película se estrene mayormente en el circuito de cines de versión original, o porque promueva cambios cosméticos de costumbres. Es un producto tan alienante y alienado, tan pedestre y sumiso al orden socioeconómico de hoy, como Farmacia de Guardia o Los Serrano.

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