Crítica: Nicolas Cage y Joel Schumacher agravan la ineficiencia de un libreto imposible con un disparatado trhiller de asalto doméstico

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
Bajo amenaza

Lo mejor:
Solo dura 90 minutos

Lo peor:
Que sea tan cómica sin quererlo

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  • Género: Acción
  • Fecha de estreno: 27/01/2012
  • Director: Joel Schumacher
  • Actores: Nicolas Cage (Kyle Miller), Nicole Kidman (Sarah Miller), Ben Mendelsohn (Elias), Liana Liberato (Avery Miller), Cam Gigandet (Jonah), Jordana Spiro (Petal), Dash Mihok (Ty), Emily Meade (Kendra), Nico Tortorella (Jake)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2011
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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De un tiempo a esta parte se llevan las películas de asedio doméstico, de allanamientos de morada salvajes y robo con violencia. David Fincher abrió la veda con La habitación del pánico, y el eco de aquella resuena, más o menos nítido en propuestas más recientes como Ellos o Los extraños. Bajo amenaza sigue la misma hoja de ruta a colación de una familia adinerada aunque inestable que esparce su presunta holgura económica en una lujosa mansión de campo, mientras unos cacos conspiran para desplumar al propietario con un asalto nocturno en el que no se hacen prisioneros.

Hasta ahí todo medio normal; Bajo amenaza se postula como thriller de asalto casero del montón, mecánico y de costuras a la vista. Pero las apariencias engañan, esta no es una película corriente, el asalto al chalet tiene su intríngulis. La propuesta de Joel Schumacher se significa por un sustancial detalle; aquí todos, atracadores y atracados, se comportan como perfectos idiotas.

La rutina, al final, habría sido un flotador salvavidas para una ficción que se busca las cosquillas complicando el equilibrio mental de unos y otros en un demencial juego de resistencia con caja fuerte de por medio en el que se especula con la vida y la muerte según las reservas de sangre fría de los malos y de los buenos. Schumacher lleva la premisa tan al límite que, sin querer, Bajo amenaza evoluciona como una comedia de enredo.

Todo en ella es groseramente absurdo; malos y buenos interactúan con auténticos cafres en un contexto torpemente salpicado de tensiones afectivo-sexuales con un caco enamorado de la amordazada dueña del inmueble y un marido desenmascarado ante los suyos a causa de una caja fuerte inesperadamente vacía. Todos chillan extremando sus pasiones en un paisaje de desconcierto y dramatismo artificialmente forzado.

No hay intriga ni suspense ni una pizca siquiera de mal rollo a lo largo y ancho de los 90 minutos de desmadre involuntariamente cómico y de tensión e improbable confusión entre los roles de víctimas y verdugos. Schumacher pierde el control del aparato a las primeras de cambio y no tiene, ni de lejos, recursos para enderezarlo. Pero el guion es, sin rodeos, de juzgado de guardia, y si al desaguisado se presta voluntario el histrionismo imposible de Nicolas Cage, cada día más reñido con su caducado estatus de actor oscarizado, apaga y vámonos.

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