Crítica: Edward Zwick cambia radicalmente de registro pero no encuentra su sitio en una comedia romántica que muta en melodrama telefílmico

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
Amor y otras drogas

Lo mejor:
Anne Hathaway, cada día más actriz

Lo peor:
Un tercer acto de TV movie

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  • Género: Comedia
  • Fecha de estreno: 14/01/2011
  • Director: Edward Zwick
  • Actores: Anne Hathaway (Maggie Murdock), Jake Gyllenhaal (Jamie Randall), Oliver Platt (Bruce Winston), Hank Azaria (Dr. Stan Knight), Josh Gad (Josh Randall), Gabriel Macht (Trey Hannigan), Judy Greer (Cindy), George Segal (Dr. James Randall), Jill Clayburgh (Nancy Randall)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2010
  • Calificación: No recomendada menores de 7 años

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Amor y otras drogas vende dos películas en una. Edward Zwick se apunta a la moda de la tragicomedia romántica que consiste en fabricar el espejismo de una comedia romántica al uso, ligera, informal y absolutamente plana para mudar de piel en un último acto de tono radicalmente diverso en el que, haciendo cambio, la guasa muta sin previo aviso en melodramón telefílmico de rompe y rasga.

Zwick, que debuta en las lides de la comedia sentimental apunta en esa dirección dibujando el perfil de una comedia boba e insustancial sobre enfermedades anímicas que de refilón le lee la cartilla al sistema sanitario estadounidense y llama a las farmacéuticas por su nombre indagando en tono guasón en la impresentable política de explotación de las debilidades emocionales del personal para contaminar su salud con medicamentos milagrosos que maquillan carencias quizá causadas por otros medicamentos de la misma marca.

Pero, ojo, Amor y otras drogas no es una comedia denuncia ni nada que se le parezca; su esqueleto es extremadamente convencional: un ´peterpan´ vividor que salta de cama en cama eludiendo responsabilidad y compromisos encuentra un trabajo a la atura de su falta de escrúpulos. Imparable hacia el éxito de pronto conoce a una chica que le hace reorientar sus prioridades y entender que en el fondo es un perfecto hijo de su madre. No falta, claro, el hermano majadero y desastrado en las veces de bufón de la fiesta. Al fin y al cabo es cine de arquetipos sin dobleces. Reímos las contadas gracias y digerimos su ligereza sin pretensiones sin pedir peras al olmo; Amor y otras drogas es una película inocua hasta que empieza a tomarse a sí misma en serio, a disfrazarse de dramón romántico y a buscar sin pudor la lágrima más fácil apelando a modelos de empatía absolutamente primarios.

El tercer acto de Amor y otras drogas es un telefilme de libro, llorón y sensiblero sin mesura que se da de bofetadas con el tono alegre y desenfadado de los dos primeros actos. Zwick frunce el ceño y se remanga para hacernos llorar. Gyllenhaal y Hathaway ponen toda la carne en el asador, y la tragicomedia respira gracias a los dos; pero no hay rima entre las partes, ni cohesión ni punto de vista ni casi nada.

Cine pues para aparcar penas y desconectar neuronas sin pedir explicaciones; ahora bien, Amor y otras drogas está muy lejos de ser la eléctrica tragicomedia sofisticada y posmoderna que pretende ser.

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