Ruta por las estatuas más curiosas de Madrid

Con o sin pedestal, podemos encontrar en Madrid homenajes singulares en forma de estatua a iconos costumbris­tas (de un personaje de cuplé a un oficio desaparecido), perso­najes populares por actividades poco habituales en estos reco­nocimientos (de un payaso a una aficionada al rock), figuras anónimas en actitudes cotidia­nas, animales emblemáticos o humildes, o conceptos abstrac­tos de difícil representación.

 

El ángel caído

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Se ha llegado a afirmar, seguramente de forma exagerada, que Madrid es la única ciudad que tiene un monumento al diablo. Exclusiva o no, lo cierto es que entre abundantes estatuas de vírgenes, santos y deidades de diversas religiones, el mismísimo Lucifer también cuenta con una en nuestra ciudad. Diseñada por el escultor Ricardo Bellver a finales del siglo XIX, El ángel caído fue donado por la Corona –el rey era Alfonso XII– a la Villa de Madrid a condición de dotarle de un pedestal a la altura de su belleza. La monumental columna sobre la que se alza en medio de una suntuosa fuente en el Parque del Retiro a fe que cumplió la condición.

El oso y el madroño

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No es que sea inusual que la capital honre a sus símbolos; sí puede parecerlo que lo sean de una ciudad en la que hoy no hay ni osos ni madroños. Pero estatuas sí hay; dos, la icónica de la Puerta del Sol y otra más moderna, actualmente instalada en la plaza de Prosperidad.

La violetera

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La protagonista de una de las más populares melodías costumbristas sirve como homenaje a su compositor, José Padilla. Instalada en 1991 en la esquina de Alcalá y Gran Vía, en 2003 se trasladó a la plaza de Gabriel Miró, en el más castizo entorno de Las Vistillas.

La mariblanca

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En apariencia anónima, no lo es tanto. Se trata de una figura de Venus que coronaba una fuente del siglo XVII próxima a su actual ubicación en la Puerta del Sol. Su factura en mármol blanco le granjeó su apelativo popular y un lugar de honor en el imaginario castizo.

El farolero

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Homenaje a uno de los oficios tradicionales más queridos –junto al de sereno, que en muchos casos compatibilizaban–, extinto desde que en los años 40 el alumbrado eléctrico reemplazó a los faroles de gas. Puede verse en una acera de la calle de la Concepción Jerónima.

El barrendero madtrileño

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Otro oficio popular donde los haya cuenta también con su propio homenaje mediante una escultura de tamaño natural de un barrendero de los años 60 en plena faena, obra de Félix Hernando García, que se instaló en 2001 en la plaza de Jacinto Benavente.

Saineteros madrileños

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Concebido para honrar a los cuatro autores cuyos bustos figuran en el pedestal –Ramón de la Cruz, Ricardo de la Vega, Barbieri y Chueca– se ha convertido en monumento a todo el llamado “género chico”. Tras varios traslados, hoy se ubica en la esquina de Luchana con Manuel Silvela.

La abuela rockera

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Ángeles Rodríguez Hidalgo, argentina afincada en Madrid, se hizo popular en los años 80 como la más longeva aficionada al rock duro. A su muerte en 1993 un concierto de grupos del género sufragó una estatua en su honor en la calle Peña Gorbea.

Chulín

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En 1982 el Zoo de Madrid acogió el primer nacimiento en cautividad en Europa de un oso panda. Se le bautizó como Chulín y se convirtió en un entrañable icono, sobre todo infantil. A su muerte en 1996 el zoo erigió una estatua en su recuerdo.

Fofó

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El gran cariño popular que generaron en los años 70 los payasos de la tele –Gaby, Fofó y Miliki– llevó a que solo unos meses después de la muerte del segundo, en 1976, se instalara una estatua en su honor en el Parque de Atracciones.

Hombre sentado

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Félix Hernando García (autor de otras figuras anónimas recogidas en este reportaje como las del farolero, el barrendero o el lector) esculpió para la rehabilitación de la plaza de la Paja en 1997 esta figura que representa a un hombre sentado, leyendo un periódico que apoya en el banco sobre el que descansa.

El estudiante

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Ante el I.E.S. Iturralde, en la calle de Nuestra Señora de la Luz, se alza una enigmática estatua cuya interpretación más extendida es que es una alegoría de la enseñanza, representada en la imagen desnuda de un niño, un estudiante al que guían tres manos cortadas que simbolizarían a los maestros y educadores.

El lector

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Homenaje al historiador Carlos Cambronero –aunque no es una efigie suya–, se instaló en 1998 en la plaza que lleva su nombre para trasladarse después a la entrada de la Biblioteca Iván de Vargas, en la calle de San Justo. En el libro que sostiene se detallan el origen y concepto original de la figura.

Joven bailando

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Aunque su título original es Paseante, la postura de esta joven esculpida en bronce a tamaño natural ante la Escuela de Arte La Palma (Palma, 46) ha hecho que sea conocida como “la joven bailando”. La escultura ganó el primer premio de un concurso convocado entre alumnos y profesores de la propia escuela.

El vecino curioso

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Una de las imágenes populares más recurrentes es la de los transeúntes que se detienen a observar la realización de obras. A ellos representó el escultor Salvador Fernández Oliva con esta figura que se instaló en la calle de la Almudena con motivo de las obras de recuperación de los restos de la iglesia que le da nombre.

La colegiala

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Camino del colegio, con un libro abierto que va leyendo en la mano izquierda y una carpeta y dos cuadernos en la derecha, parece ir esta joven esculpida a tamaño real con la que se cruzan desde 1987 los viandantes que transitan por la calle de Ocaña en la embocadura del puente del Intercambiador de Aluche.

La mensajera

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En un ensanchamiento a la altura del número 27 de la calle del Olivo se quiso recordar la ubicación allí de la antigua oficina de Correos de Aravaca con la imagen en bronce de una niña inclinada hacia delante en actitud de liberar palomas mensajeras. Instalada en el año 2003, es obra del escultor Pedro Quesada.

Joven caminando

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Por la plaza de San Ildefonso aparenta transitar esta otra joven que sí responde más claramente a su título, muy similar a la de la izquierda: Un paseante. Obra de Rafael González García, procede también de un concurso de la Escuela de Arte La Palma, y por su común y realista atuendo podría confundirse con los peatones reales.

El perro callejero

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Como complemento al monumento a Félix Rodríguez de la Fuente (“el amigo de los animales”) se alza en el Zoo de Madrid una estatua al “mejor amigo del hombre”, el perro. Pero concretamente a su estirpe más humilde, el perro callejero.

La llama peruana

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Ante el edifico Lima, construido en 1965 en la plaza del mismo nombre, reposa sentada una figura del animal más emblemático del país cuya capital inspiró su denominación, Perú, que tiene a la llama como especie más característica.

El oso de Berlín

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No solo Madrid, también Berlín tiene al oso como símbolo. El icono de la capital alemana se instaló en el parque al que se dio el nombre de la ciudad en 1967 con motivo de la visita a Madrid de su entonces alcalde, el histórico Willy Brandt.

El rapto de Europa

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La exposición de las voluminosas esculturas de Fernando Botero en las calles de Madrid en 1992 tuvo un enorme impacto y dejó un gran recuerdo: El rapto de Europa, una de las estatuas expuestas, que se instaló en el aeropuerto de Barajas.

Cabeza olmeca

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El estado mexicano de Veracruz donó a Madrid en 2005 una réplica de una de las colosales cabezas de la cultura olmeca. Mide más de dos metros de altura y está instalada sobre una pirámide de 16 en la avenida del Ensanche de Vallecas.

El dolmen de Dalí

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Conocido por todos, lo que no todo el mundo conoce es que es un monumento a la ley de la gravedad. De hecho, la escultura a la que complementa es un homenaje a quien la formuló, Isaac Newton. La altura del dolmen es de 13,13 cm.

El siglo XXI

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En víspera de su llegada, en 1999, el barrio de Los Arcos (av. de Canillejas a Vicálvaro, 159) recibió al siglo XXI con un monumento que representa el progreso con medios de transporte que ascienden desde la locomotora a los satélites.

La maternidad

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Y entre los grandes conceptos, pocos más universales que la maternidad. En la calle Cestona, ante la Escuela de Música Maestro Barbieri, le rinde homenaje una figura de formas redondeadas que representa a una madre con su hijo.

La paz

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Entre las estatuas de la capital abundan también homenajes, por lo general abstractos, a conceptos universales. Como el Monumento a la Paz erigido en el Parque Juan Carlos I tras la Conferencia de Paz árabe-israelí de 1991.

Autor: Juan Carrón Fecha de actualización: 17/10/2019