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Rincones singulares de Madrid

¿Conoces bien la ciudad?

Cuando crees que ya has visto todo, descubres que, además de rascacielos, parques y grandes avenidas, Madrid cuenta con rincones singulares que merece la pena visitar. Desde la calle más madrileña a las vistas más castizas, te invitamos a pasear por una decena de lugares particulares y con tradición de la ciudad.
 

La calle más madrileña

Rincones singulares de Madrid

 

Aunque los chotis nos digan que “la florista viene y va y sonríe descará por la acera de la calle de Alcalá” y que “cuando llegues a Madrid, chulona mía, voy a hacerte emperatriz de Lavapiés; y alfombrarte con claveles la Gran Vía”, podemos afirmar que la calle más madrileña de la capital, por su nombre, es la calle de Madrid. ¿Sabes dónde está?

Con la de Rompelanzas, es una de las más cortas del casco histórico. Se trata, más bien, de un pasaje, que Mesonero Romanos describió como un “mezquino callejón que con el pomposo nombre de calle de Madrid corre a espaldas de las Casas Consistoriales". Ahora la vemos mucho más pintoresca, por las reformas de la zona y el pasadizo elevado con el que Luis Bellido conectó las casas de Cisneros y de la Villa. Una vez aquí, no pierdas la ocasión de recorrer a pie las tranquilas callejuelas, plazas y jardines escondidos de alrededor.

 

El edificio más antiguo

Rincones singulares de Madrid

 

El Templo de Debod, en realidad, está en Madrid sólo desde 1970, pero sus orígenes se remontan al Antiguo Egipto. Con unos 2.200 años de antigüedad, este santuario dedicado al dios Amón fue cedido a España en 1968 en compensación por la ayuda ofrecida para salvar los templos de Nubia.

El edificio, que fue desmontado, reconstruido piedra a piedra, restaurado y utilizado para diversas actividades, está declarado desde 2008 como Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento. El lugar en el que ahora se ubica, antes ocupado por el Cuartel de la Montaña, en el Paseo del Pintor Rosales, resulta idóneo para contemplar atardeceres y disfrutar de estupendas vistas hacia el Palacio Real y la Casa de Campo.

 

El edificio civil madrileño más antiguo

Rincones singulares de Madrid

 

Ahora sí que nos vamos a una construcción madrileña. Al lado de la calle de Madrid, en la Plaza de la Villa, la Casa y Torre de los Lujanes presume de ser el edificio civil más antiguo de la ciudad. El conjunto, levantado y ampliado en diversas etapas del siglo XV, está compuesto por varios espacios y un patio central.

Este lugar, en una de las plazas más importantes de entonces, fue el escogido por la poderosa familia de Luján –su escudo aparece en la portada- como residencia para varias de sus generaciones. Además, una placa nos recuerda que aquí nació en 1846 el compositor Federico Chueca. La arquitectura castellana de la época y las influencias mudéjares –todavía se puede ver en la calle del Codo la curiosa puerta de herradura a la torre- marcan su estilo.

Desde 1858, el inmueble ha albergado diferentes sedes, como la de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas o la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. En la misma plaza, destacan también la Casa de Cisneros (1537) y la Casa de la Villa (1692).

 

Una calle con un púlpito

Rincones singulares de Madrid

 

¿Has visto alguna vez la pequeña plataforma con barandilla que, con apariencia de púlpito, hay en la céntrica y peculiar calle de la Escalerilla de Piedra? Cientos de personas pasan a diario por aquí, pero pocos se percatan de esta curiosidad.

Aunque hoy vemos ahí a una maja que da color a la tienda de artesanía y regalos que se abre al lado, este rincón, que puedes ver en la Plaza Mayor, en la zona alta de las escaleras del Arco de Cuchilleros, ha sido protagonista de historias, leyendas y novelas.

Por aquí se accedía a la Taberna El Púlpito, donde al parecer se reunían bandidos y conspiradores. Por este lugar comenzó uno de los grandes incendios de la plaza en agosto de 1790. Las lenguas cuentan que desde este saliente el fraile Antonio, del convento de San Gil, animó a los madrileños para que se sublevasen, en mayo de 1808, contra las fuerzas invasoras francesas, originando la Guerra de la Independencia. Y, por si todo esto fuera poco, por aquí se entra a la vivienda en la que Benito Pérez Galdós situó la casa de Fortunata.

 

El árbol más viejo

Rincones singulares de Madrid

 

Si lo que buscas son rincones verdes en Madrid, hay diversos lugares en la ciudad en los que relajarte en un ambiente tranquilo y disfrutar de la flora y fauna. Como curiosidad, puedes acercarte a ver el famoso ahuehuete del Parterre (Taxodium mucronatum), protegido como árbol singular y considerado el más longevo de la ciudad, con una edad aproximada de más de 360 años.

Ubicado en un jardín de estilo afrancesado de la zona oeste del parque del Retiro, muy cerca de la puerta de Felipe IV que da a la calle Alfonso XII, este ejemplar -de 25 metros de alto y 5,50 metros de perímetro en su tronco- pudo haber sido de los primeros en plantarse cuando se construyó el Palacio del Buen Retiro, aunque algunos opinan que fue posterior.

 

 

El escudo más antiguo

Rincones singulares de Madrid

 

Los diversos escudos que ha tenido Madrid a lo largo de diferentes épocas se pueden contemplar por numerosos edificios, calles o fuentes de la ciudad. El más antiguo que se conserva en piedra es el que está a la altura del número 21 de la calle Segovia. Se trata de una reconstrucción de uno del siglo XVI realizada en el siglo XVII.

El oso –tal vez, osa-, el árbol –que hay quien dice que no es un madroño- y la corona real aparecen aquí en una parte de la fachada que se conservó de la antigua Casa del Pastor –demolida en 1988-, que llegó a ser sede del Ayuntamiento trashumante de Madrid y Toledo, y que hoy se integra en el lateral de un moderno edificio. Como anécdota, puede que reconozcas el lugar en las escenas de algunas películas, como ‘Los amantes pasajeros’ (2012), de Pedro Almodóvar.

Una vez aquí, sube las escaleras y llega hasta la castiza estatua de La Violetera, en los jardines de Las Vistillas, agradable lugar para contemplar, como su nombre indica, las excelentes vistas hacia el río Manzanares, la Casa de Campo y la Catedral. Ahora bien, fíjate cuándo vas, porque su habitual tranquilidad da paso a conciertos multitudinarios y bailes durante las fiestas de La Paloma, en agosto, o las de San Isidro, el 15 de mayo.

 

Las ermitas gemelas

Rincones singulares de Madrid

 

Madrid es de las pocas ciudades del mundo que cuenta con dos monumentos gemelos. Para verlos hay que ir al distrito de Moncloa-Aravaca, a la altura del Puente de la Reina. La ermita de  San Antonio de la Florida fue construida ahí por Filippo Fontana entre 1792 y 1798 siguiendo la orden de Carlos V. El templo, uno de los dedicados a San Antonio de Padua, es de gran sencillez, neoclásico, con planta de cruz griega y cúpula con linternas. En su interior, sorprenden los frescos pintados por Francisco de Goya, donde aparecen personajes vestidos de majos y chisperos.

En 1905, la parroquia fue declarada Monumento Nacional. Y para conservar las pinturas, entre 1925 y 1928 se levantó una iglesia idéntica al lado que sirviera para el culto, dejando la primera como museo y panteón conmemorativo, pues ahí descansan los restos del pintor aragonés desde su traslado en 1919.

Una tradición: en sus alrededores, por La Bombilla, se celebra, cada 13 de junio, la verbena de San Antonio, con la recogida de panecillos del santo para que ‘no falte pan durante el año’ y el ritual de los alfileres con el que las ‘mozas casaderas’ continúan la costumbre de las modistillas del XIX.

 

Una fuente de zarzuelas

Rincones singulares de Madrid

 

En la actualidad, el agua de Madrid es responsabilidad del Canal de Isabel II, pero años atrás, esta se facilitaba a través de fuentes públicas, como la del Berro -aunque perteneció a la Corona-, nacida a la vera del arroyo Abroñigal.

Protagonista de zarzuelas, este caño es uno de los acuíferos con mayor tradición y fama en la ciudad. Si te acercas al distrito de Salamanca, pasa por el jardín histórico de la Quinta de la Fuente del Berro y, entre estupendos ejemplares de árboles, todavía podrás encontrar una tapa de alcantarilla que lleva a las galerías de su viaje de agua, clausurado en 1977.

Dirígete al parque y verás la Fuente del Berro -fuera, junto a una de las entradas, en la calle Peñascales-, un antiguo palacete, un monumento a Bécquer, una estatua de Pushkin, un par de pequeños estanques y una cascada.

 

Las iglesias más castizas

Rincones singulares de Madrid

 

Aunque la patrona de Madrid es la Almudena, a la que está dedicada la Catedral, tradicionalmente se considera ‘patrona popular de los madrileños’ (y de los bomberos) a la Virgen de La Paloma. Sus fiestas, alrededor del 15 de agosto, son de las más castizas y así quedaron plasmadas en la zarzuela La verbena de La Paloma. Su parroquia, con una curiosa pila bautismal de inmersión, es de estilo mudéjar con elementos góticos, y se ubica en la pequeña y recogida plaza del mismo nombre, junto a la Puerta de Toledo, en el barrio de La Latina.

Muy cerca, por la calle Toledo, llegamos a la Colegiata de san Isidro, en el número 37, un templo representativo de la arquitectura religiosa madrileña del siglo XVII construido según el diseño del arquitecto Pedro Sánchez. En la que fue catedral provisional, desde 1885 hasta 1993, se custodian los restos mortales del patrón de Madrid, san Isidro, y de su esposa, santa María de la Cabeza.

Desde allí, puedes aprovechar también para recorrer las plazas y jardines del centro y visitar algunas de las iglesias más antiguas de la ciudad: San Nicolás –con una torre mudéjar del siglo XII-, San Pedro el Viejo y San Andrés.

 

Encina con más de 300 años en un jardín histórico

Rincones singulares de Madrid

 

Hay muchos más rincones extraordinarios en Madrid, pero, de momento, acabamos nuestra ruta con un lugar extramuros que abrió sus puertas al público en noviembre de 2016. El punto elegido es la encina con más de 300 años que hay en la Quinta de Torres Arias, donde es posible olvidarse del mundo bajo la enorme sombra de su gran copa.

Con acceso desde la calle Alcalá, número 551, casi al lado de la también impresionante Quinta de los Molinos y relativamente cerca del parque del Capricho, esta finca, de 17 hectáreas, perteneció a la aristocracia madrileña desde 1600. En su interior, se pueden encontrar numerosas y excepcionales especies de árboles, un palacio –por ahora, no visitable-, acompañado de cuadras, una vaquería y un matadero, así como dos invernaderos que destacan por su antigüedad y una pequeña huerta. Todo ello conforma un excelente espacio agropecuario centenario de extraordinaria riqueza ecológica.

 

Autor: Silvia Álvarez Fecha de actualización: 28/03/2018