Películas de animación para escapar de la "dictadura" de Disney y Pixar

Aunque Disney y Pixar siguen en la cima de la industria del cine de animación, no son pocas las compañías y estudios que ya compiten de tú a tú, tanto a nivel creativo como comercial, con el gigante del ratón y su filial del flexo. Repasamos los mejores títulos y sagas alumbradas más allá de los dominios del ratón Mickey.

 

Onward resiste en la cartelera durante estos tiempos inciertos, reafirmando el poder del binomio Disney/Pixar en la taquilla. En los últimos años, DreamworksLaika Ilumination Entertainment (de la mano de Universal) han liderado el grupo de compañías llamadas a disputarle el trono a la compañía del ratón y su filial del flexo. Buques insignia como las sagas Shrek, Cómo entrenar a tu dragón o Gru. Mi villano favorito han conseguido arrebatarles suculentas porciones del pastel de la taquilla, el merchandising cinematográfico e, incluso, algún Oscar. En la galería sobre estas líneas repasamos aquellos títulos de animación que, ya sea a nivel creativo o comercial, han roto con el monopolio de Mickey Mouse, Woody y compañía en el corazón de los más pequeños.

Spider-Man: Un nuevo universo (2018), de Bob Persichetti, Peter Ramsey y Rodney Rothman

Películas de animación para escapar de la "dictadura" de Disney y Pixar

 

Al margen de su colaboración con Disney para integrar al Trepamuros en el Universo Cinematográfico de Marvel, Sony alumbraba Spider-Man: Un nuevo universo, a la postre una de las mejores películas de animación de los últimos tiempos, que incluso llegó a arrebatarle el Oscar de la categoría a las todopoderosas Pixar ( Los increíbles 2) y Disney ( Ralph rompe Internet). Bob Persichetti, Peter Ramsey y Rodney Rothman dirigían esta cinta que, en el apartado argumental, contaba una revolucionaria historia repleta de acción y humor donde el protagonista era el Hombre Araña actual (el hispano Miles Morales), junto a diferentes versiones de dimensiones paralelas (entre ellas el Peter Parker de Tobey Maguire). Además, en el plano visual la cinta supuso una nueva evolución en el género con un estilo colorido, preciosista y dinámico donde las últimas técnicas digitales se combinaban con diversos estilos de los cómics clásicos y contemporáneos.

Klaus (2019), de Sergio Pablos y Carlos Martínez-López

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Aunque al final Toy Story 4 se llevó el Oscar, Klaus fue, para la mayoría de la industria del cine de animación, la gran sorpresa de la temporada. Los españoles Sergio Pablos y Carlos Martínez-López, con el apoyo de Netflix, dirigían una extraordinaria aventura protagonizada por un cartero destinado a un pueblo perdido del Círculo Polar Ártico y sus esfuerzos por fomentar el contacto entre sus vecinos, poco dados a comunicarse entre ellos. En esta misión le ayudarían la profesora local y un anciano de barba blanca con un talento único para fabricar juguetes de madera. Con un apartado visual exhuberante, y una historia que reimagina por completo el mito de Papá Noel, la cinta conseguía brillar con personalidad propia y aroma de clásico navideño.

El gigante de hierro (1999), de Brad Bird

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A finales de los 90, Disney todavía dominaba, sin aparente oposición, el género de animación. En televisión, Warner tenía a los Looney Tunes, pero le faltaba un éxito en la gran pantalla. Lo consiguió con El gigante de hierro, hoy en día todo un clásico que adaptaba la obra de Ted Hughes. Brad Bird, que se había curtido en las oficinas de la compañía del ratón, firmaba una película imprescindible, una historia sobre la amistad con regusto al cine de la factoría Amblin en el que un niño intenta proteger a un enorme y entrañable robot alienígena (con voz de Vin Diesel) de los miedos de una sociedad en plena Guerra Fría.

Shrek (2001), de Andrew Adamson y Vicky Jenson

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En 2001, Pixar dominaba sin aparente oposición las producciones de animación generada por ordenador, un género que con las dos primeras entregas de Toy Story empezaba a demostrar sus posibilidades. Dreamworks se propuso dar guerra en este nuevo campo de batalla, y para ello contó con un caballero de lo más peculiar: un bruto y cascarrabias ogro verde que pondría patas arriba el mundo de los cuentos de hadas con un humor que desataba las risas entre los pequeños y conseguía sonrisas cómplices de sus padres. Con Shrek, Oscar mediante, se consiguió crear un personaje capaz de competir con Disney incluso en la parcela del merchandising, que fue creciendo a medida que se estrenaban sus secuelas, las dos últimas dignas de regalarse con el menú infantil de cualquier establecimiento de comida rápida.

El viaje de Chihiro (2001), de Hayao Miyazaki

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El castillo ambulante, Mi vecino Totoro o La princesa Mononoke son solo algunas de las películas que conforman la interminable lista de clásicos de la animación que han salido del estudio Ghibli. En 2003 la compañía nipona ganaría a Disney en su propio terreno, Hollywood, y se llevaría el Oscar en su categoría. Lo hijo con total justicia gracias a El viaje de Chihiro, la obra maestra de Hayao Miyazaki que no es sólo una de las mejores películas de animación de la historia, también uno de los films más hermosos jamás creados. Mientras su joven protagonista ve cómo sus padres son convertidos en cerdos, inicia un viaje a través de un mundo onírico y de fantasía, creado a través de técnicas de animación tradicional, en el que se combina la ternura con el miedo durante 125 minutos que se pasan sin que apenas nos demos cuenta.

Wallace & Gromit: La maldición de las verduras (2005), de Nick Park y Steve Box

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Fuera del panteón de Disney, Wallace y Gromit son, posiblemente, dos de los personajes más conocidos por el gran público. La culpa son sus descacharrantes gags que se reparten en cuatro cortos de 30 minutos (todos nominados al Oscar de su categoría, con dos ganadores). En 2005 estos inseparables amigos se atrevieron con el largometraje, toda una pieza de orfebrería de 85 minutos rodada en stop motion, que cautivó a pequeños, mayores y hasta la Academia de Hollywood, que la premió con el Oscar a mejor película de animación del año. El encanto de los dos emblemas de la casa Aardman se mantenía intacto en el film, que seguía los intentos de Wallace y Gromit por detener a la voraz criatura que estaba boicoteando el esperado Concurso Anual de Verduras Gigantes que se celebra en el pueblo en que residen.

Cómo entrenar a tu dragón (2010), de Dean DeBlois y Chris Sanders

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El tercer gran éxito de Dreamworks, que la confirmó como la alternativa más seria (al menos, en Hollywood) al binomio Disney/Pixar fue esta fábula sobre la amistad entre humanos y animales contada a través de los ojos de un joven vikingo, descendiente de una legendaria estirpe de cazadores de dragones, que precisamente tendrá una conexión especial con un simpático ejemplar de estas bestias escupefuego. Aunque con más concesiones para el público infantil que otras cintas de la casa, Cómo entrenar a tu dragón no carecía de épica y ofrecía algunas maravillosas secuencias que permitían al espectador compartir desde su butaca la indescriptible sensación de volar que experimenta el protagonista.

Los mundos de Coraline (2009), de Henry Selick

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Henry Selick, que ya había maravillado con otras cintas de animación como Pesadilla antes de Navidad o James y el melocotón gigante firmaba aquí su trabajo más redondo, una fábula tenebrosa sobre el lado oscuro de los deseos de una niña que, en busca de unos padres más permisivos, termina en un universo paralelo donde todo es como a ella le gustaría, pero que esconde un secreto mucho más siniestro. Con el sello inconfundible de Laika, Los mundos de Coraline no podía ser otra cosa que un film impecable y de original aspecto visual, al que contribuye una animación con stop motion y una historia, basada en la novela de Neil Gaiman, que se toma muy en serio tanto a niños como a adultos. De las pocas cuyo visionado en 3D debería ser obligatorio.

Kung fu panda (2008), de Mark Osborne y John Stevenson

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Con Shrek experimentando un preocupante agotamiento, Dreamworks necesitaba un nuevo éxito que le permitiera situarse en los primeros puestos de la taquilla y, de paso, en las estanterías de privilegio de las jugueterías. Entonces, apareció Po y su grupo de expertos luchadores de kung fu en este doble homenaje al cine de artes marciales y la comedia slapstick. A pesar de contar una historia cien veces vista (el héroe por descubrir que se enfrenta a un villano que le supera en todo), su sentido del humor y ritmo vertiginoso supieron encandilar al público, que ha seguido fiel en sus dos secuelas.

Rango (2011), de Gore Verbinski

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Posiblemente el carácter excéntrico y raruno de Rango (algunas secuencias parecen haber sido concebidas bajo los efectos de los psicotrópicos) impidió que esta maravilla de la animación cosechara más adeptos y no se convirtiera en un fiasco en la taquilla. Sin embargo, la virguería técnica de Gore Verbinski, todo un festival de colores, efectos de iluminación y un diseño de personajes prodigioso, si encontró su lugar entre un público ávido de cosas nuevas en un género al que le resulta difícil salirse del patrón que marcan Disney y Pixar. La Academia supo valorar la arriesgada propuesta, y le dio el Oscar a mejor film de animación a este fascinante spaguetti western protagonizado por un camaleón de la gran ciudad ( Johnny Depp, cómo no) que acaba como sheriff de un pueblo de mala muerte donde impera la ley del más fuerte.

Kubo y las dos cuerdas mágicas (2016), de Travis Knight

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En un año 2016 en el que la animación ha demostrado el buen momento en el que se encuentra, Laika se ha confirmado (si es que hacía falta) como una de las compañías punteras en el género. Kubo y las dos cuerdas mágicas supuso la cumbre del estilo de esta productora, que apuesta por historias profundas y de calidad a través de un estilo de animación, entre el stop motion y la última tecnología en 3D, que ya es marca de la casa. La épica en el Japón feudal de un niño destinado a hacer cosas grandes consiguió fascinar a pequeños y mayores por su combinación de humor, terror y emoción en un universo de dioses, monstruos y míticos samurais de incomparable poderío visual.

La LEGO película (2014), de Phil Lord y Christopher Miller

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Éxito incontestable en taquilla, Warner se apuntaba un nuevo tanto en el género de animación y colocaba el primer bloque en la construcción de lo que sería un universo cinematográfico poblado por las diversas licencias (entre ellas Batman o Indiana Jones) que integran el mundo LEGO. Buena parte del mérito corresponde a Christopher Miller y Phil Lord (por cierto, despedidos por Disney del spin off de Han Solo), que conseguían dar coherencia a una historia abocada al caos y la anarquía y daban momentos de glorioso sentido del humor en los que se convertía al mismísimo Batman en el típico secundario robaescenas de toda superproducción de animación. Mientras tanto, deconstruían los fundamentos del blockbuster moderno.

Autor: Juanjo Velasco Fecha de actualización: 12/03/2020

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