Las mejores películas de monstruos gigantes

Caos y destrucción en tamaño XXXXXL

Primero fueron los dinosaurios de El mundo perdido (1925), pero si hubo alguien que convirtió en fiebre las películas de monstruos gigantes, ese fue King Kong. Mientras trepaba por el Empire State Building con Fay Wray entre sus manos, el simio gigante se convirtió en uno de los grandes (en este caso, literalmente) mitos del cine. Tras él, Godzilla y compañía sembraron el caos y la destrucción por las grandes ciudades sin que hubiera alguien de su tamaño capaz de detenerlos. En Pacific Rim, Guillermo del Toro homenajeó a los mecha japoneses y les dio un rival a la altura con su tropa de enormes robots que, sin embargo, se quedará corta en su secuela: Pacific Rim: Insurrección. Nuevo director (el televisivo Steven S. DeKnight) y nuevos pilotos ( John Boyega y Scott Eastwood) lideran esta secuela con más acción y una amenaza mucho más grande.

 

Aprovechando este estreno, repasamos en esta galería las películas más emblemáticas sobre monstruos gigantes, género iniciado en USA pero perfeccionado en Japón (donde se conoce, precisamente, como kaiju).

King Kong (1933), de Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack

Las mejores películas de monstruos gigantes

 

8 películas (incluída Kong: La Isla Calavera) han alimentado la leyenda de este gorila gigante que sumiría la Nueva York de los años 30 en el caos mientras coronaba el Empire State Building (que mucho tiene que agradecer al primate su status de icono urbanístico). La revolucionaria cinta de Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, con unos increíbles efectos stop motion, asombró al público, tanto por las dimensiones de Kong, como por su eterna historia de amor interespecies con Fay Wray. En los 60 la Toho le aumentó aún más el tamaño para que se pudiera batir el cobre con Godzilla en la primera vez que se veía a los reyes de la destrucción en color. En 2005 Peter Jackson intentaría rescatar a un Kong que sólo sobrevivió en los 70 y 80 en filmes de dudosa calidad. Sin embargo, la película, aún a pesar de su indudable categoría, no terminó de conquistar la taquilla como el enorme simio lo hacía con el skyline neoyorkino.

El monstruo de tiempos remotos (1953), de Eugène Lourié

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Basada en un relato corto de Ray Bradbury, la película de nuevo ponía a Nueva York en jaque. Sin embargo, en esta ocasión no era un simio gigante, sino un dinosaurio prehistórico que ha despertado después de que las pruebas nucleares hayan derretido su prisión de hielo. Se dice que fue la película que inspiró a la Toho para Godzilla (sus semejanzas son más que evidentes), pero si por algo ha pasado a la historia el Redosaurus es por sus efectos en stop motion a cargo del maestro Ray Harryhausen.

La humanidad en peligro (1954), de Gordon Douglas

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De nuevo la paranoia post bomba atómica y en plena Guerra Fría hacía su acto de presencia en esta cinta de criaturas gigantes, en este caso hormigas, a las que la radiación les da el tamaño de un autobús. En pleno auge del género de monstruos en Hollywood, Gordon Douglas compuso una historia sólida que maneja con pulso firme el suspense y la intriga. Además se apoya en un buen trabajo actoral y unos magníficos efectos especiales (para la época, se entiende) que le consiguieron una nominación al Oscar y que disimulan su espíritu de serie B.

Godzilla (1954), de Ishiro Honda

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29 películas salidas del país del país del sol naciente y hasta tres remakes con sello Hollywood (la última, el Godzilla de Gareth Edwards) han convertido a este lagarto gigante en todo un icono del cine y elemento indispensable de la mitología colectiva del siglo XX. La ya emblemática Toho lo creó en 1954 como metáfora del miedo y las consecuencias de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, una especie de dinosaurio mutado por la radiación que sembraría el caos y la destrucción por la ciudad de Tokio. A lo largo de sus etapas, Godzilla (Gojira, en japonés) ha pasado de bestia descontrolada a antihéroe protector de la capital nipona de los ataques de monstruos con peores intenciones. Sus grandes momentos los encontramos entre disfraces y maquetas de cartón piedra en Mothra vs. Godzilla (1962), Godzilla contra Ghidorah, el dragón de tres cabezas (1964), Godzilla contra King Ghidorah (1991) o, ya con efectos más contemporáneos, en la reciente (y excelente) Shin Godzilla. De la versión de 1998 de Roland Emmerich mejor no hablamos.

Daimajin (1966), de Kimiyoshi Yasuda

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Hasta 1966, parecía que sólo el Japón post bomba atómica estaba en peligro de que un montón de criaturas gigantes jugaran al pressing catch entre sus edificios. Entonces llegó Daimajin para que ni los samuráis del Japón feudal estuvieran a salvo de mirar por encima de ellos y encontrarse el pie de una criatura del tamaño de monte Fuji (bueno, quizá no tan grande). Sin embargo, en esta ocasión no era ningún animal sobrealimentado de radiación, sino una estatua de piedra en la que reside el alma de un antiguo dios la que, invocada por las oprimidas gentes de una aldea, pondrá en su sitio a un malvado señor de la guerra. Film de samurais gigantes, el sueño de cualquier freak de 16 años (y del Zack Snyder de Sucker Punch) que además contaría con dos secuelas.

Temblores (1990), de Ron Underwood

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Rara avis en el género de monstruos gigantes, esta cinta de serie B con un evidente espíritu festivo y película de cabecera en las sobremesas televisivas de los 90, hacía de su reducido presupuesto una virtud. En ella no había grandes urbes que destruir, sino apenas un puñado de almacenes de dudosa factura arquitectónica en cuyos tejados reposaban, entre otros, Kevin Bacon o Fred Ward , líderes del grupo de rednecks que intentarían sobrevivir y, de paso, dar caza al grupo de gusanos gigantes que han convertido el árido suelo del desierto de Nevada en una trampa mortal. Desconocemos si alguno de ellos se llevó la cabeza de una de las criaturas como trofeo para su salón.

Gamera: El guardián del universo (1995), de Shusuke Kaneko

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13 películas (una de ellas, un remake estadounidense) adornan la carrera cinematográfica de esta tortuga voladora gigante que fue creada por la productora Daiei (también japonesa) para competir directamente con Godzilla por el dominio del skyline tokiota. Debutaría en 1965 y, aunque siempre vivió bajo la alargada sombra del lagarto gigante y poco a poco se convirtió en un subproducto más enfocado al público infantil, consiguió dar más de una aportación digna al subgénero kaiju. Lo hizo de la mano de Shusuke Kaneko, que 30 años después de su primera aparición, dio un lavado de cara al personaje con una trilogía formada por Gamera: El guardián del universo, Gamera 2: Región shurai y Gamera 3: La venganza de Iris, en las que la tensión y la destrucción se dan de la mano y donde la tortuga gigante se mide con un puñado de malvadas (y horrendas) criaturas.

The Host (2006) de Joon-ho Bong

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Japón no iba a tener siempre la exclusiva de ser el país asiático favorito para que los monstruos gigantes pongan a prueba, día sí día también, el mercado inmobiliario. En Corea del Sur, el siempre estimulante Joon-ho Bong se sacó de la manga este kaiju en el que el monstruo ponía patas arriba la ciudad de Seúl en una cinta que jugaba con los convencionalismos del género y se tomaba su tiempo para dar una profundidad a los personajes más allá de la de mera carnaza que corre, mira hacia atrás y grita de terror. Al miedo y la tensión, Joon-ho añadía satisfactorias dosis de humor, drama y hasta espíritu aventurero, que la convierten sin duda en todo un clásico de culto.

Monstruoso (2008), de Matt Reeves

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Con un presupuesto de "tan sólo" 25 millones de dólares, Matt Reeves rompió el techo de Hollywood con una cinta que ponía del revés los fundamentos del género de monstruos gigantes. En lugar de amplias tomas aéreas para que pudieramos disfrutar de la dimensión y magnificencia de la criatura, Monstruoso nos ponía a pie de calle y nos hacía vivir la destrucción, el caos y el miedo de la población en primera persona. Su formato found footage ayudaba a aumentar las grandes dosis de tensión y suspense, y daba un halo de misterio a una criatura que en su tramo final se muestra en todo su esplendor. La escena de la cabeza de una decapitada Estatua de la Libertad surcando los cielos hasta besar el suelo neoyorkino tiene un lugar de excepción entre los hitos del kaiju.

Trollhunter (2010), de André Ovredal

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Un grupo de estudiantes se adentra en los bosques noruegos para, cámara en mano, destapar una conspiración gubernamental que implica a trolls gigantes. Con semejante argumento, nos cuesta tomarnos en serio este falso documental dirigido por André Ovredal, que sin embargo nos cautiva por su sentido del humor, su ritmo vertiginoso y un diseño de las criaturas en el que luce cada céntimo de su ajustadísimo presupuesto. Su formato de found footage y falso documental, así como sus nevados paisajes, ayudan a sumergirnos aún más en la historia y a disfrutarla como si de una atracción de parque temático se tratara.

Monsters (2010), de Gareth Edwards

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Antes de subirse a los gigantescos AT AT de Rogue One y al inmenso Godzilla de su última versión hollywoodiense, Gareth Edwards firmó una cinta que con apenas un presupuesto de 500.000 dólares conseguía lucir como una gran superproducción. La frontera entre EE.UU. y México se convertía en Monsters en una zona de cuarentena poblada por una gran diversidad de criaturas gigantes. Entre ellas se desarrollaba una historia de amor entre el fotógrafo de una revista y la hija de su jefe, a la que tendrá que escoltar a través de la zona ocupada por los monstruos. Sin duda, una de las propuestas más intimistas del género en la que no faltan medidas dosis de terror.

Pacific Rim (2013), de Guillermo del Toro

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Guillermo del Toro, fan declarado del cine de monstruos gigantes, no sólo hacia su homenaje al kaiju, sino también al de robots gigantes en una cinta que, si bien cuenta con una trama lineal en la que tanto las situaciones como los personajes ya se han visto una y mil veces, cuenta con un diseño de las gigantescas y espectaculares batallas entre jaegers y criaturas gigantes que luce como en pocas películas del género. Y, seamos sinceros, cuando vamos a ver una película de monstruos contra robots de 85 metros y nos encontramos con que uno golpea al otro con un buque mercante a modo de bate de béisbol, no podemos salir defraudados.

Autor: Juanjo Velasco Fecha de actualización: 23/03/2018

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