Entrevista | Malú: “Mi mánager me dice durante los conciertos que baje un poco, que no somos los Maiden”

La artista vuelve a los escenarios el próximo 12 de mayo después de tres años para presentar su nuevo trabajo 'Mil batallas', un disco que pretende ser un punto de inflexión consigo misma

La voz de Malú al teléfono te golpea con guante de seda. Su forma de hablar es pausada y reconciliadora. Como artista, habrá a quien le guste su música y a quien no, es cuestión de gustos. Lo que nadie pone en duda es que su extensa carrera, que comenzó con 15 años, la avala. Viene de familia de músicos, su padre es el cantaor Pepe de Lucía; su madre, en los 70, formó parte del grupo Arena caliente y su tío, Paco de Lucía, es leyenda de la guitarra flamenca, pero no necesita carta de presentación. Se ha ganado su espacio por mérito propio.

En casa de María Lucía Sánchez, cuando era pequeña, “lo normal era cantar y bailar”, entonces no se planteaba dedicarse de forma profesional. Tenía varios frentes abiertos, los estudios, a los que reconoce les hizo poco caso; la hípica y la música. Finalmente se decantó por lo último. Comenzó siendo una adolescente en una industria dominada por la testosterona. “Las mujeres teníamos menos credibilidad, es como si tuvieses una fecha de caducidad, te miraban con lupa. En la historia de la música, los grandes triunfadores han sido hombres”, recuerda.

Buscar la perfección

La presión por destacar, entonces, en las mujeres era alta en cualquier ámbito. Para darse a valer se inventó su propia coraza, un personaje fuerte y maduro que vivía en el cuerpo de una niña risueña y algo tímida. Sus padres eran perfeccionistas, mantenían una autoexigencia elevada y ella heredó esa cualidad. Hoy, con más de 20 años de experiencia, recuerda esa época y si pudiera le aconsejaría a su yo adolescente “que intentara no ser tan adulta”. “Veo entrevistas en las que aparento expresarme como una persona mayor. Me diría que hable como quiera, de todas formas te van a juzgar”.

El perfeccionismo se convirtió en su seña de identidad. Para lo bueno y lo malo, todo tenía que salir como estaba previsto. Si en medio de un concierto veía cualquier cosa que no encajaba, su atención se dirigía a aquello. “Estaba más pendiente de las luces que de disfrutar y ahí viene el problema”, explica. Y con esa angustia vivió su carrera, hasta que en 2019 se lesionó el tobillo, lo que la obligó a parar. De ahí nacieron dos cosas. La primera, su último disco, 'Mil batallas', con el que comienza a girar por España a partir del 12 de mayo en el WiZink Center de Madrid, y la segunda, una reflexión que le ha llevado a darse cuenta de que tenía que hacer las paces consigo misma.

“Cuando tuve la lesión también tuve más tiempo para mí y es entonces cuando me doy cuenta de que no estoy disfrutando”, afirma y añade: “No es que me equivocara o asumiera mis errores, el problema es que no me permitía la equivocación”. Hoy, agradece “la putada que me hizo la vida”, aunque también reconoce que fue terrible tener que cancelar la gira, Oxígeno, y decirle a la gente “os quedáis sin trabajo”. Entonces llegó la pandemia, y la cosa se prolongó más de lo pensado. Han pasado tres años sin pisar los escenarios, y vuelve con ganas y una mirada diferente. Cuando se divierte ella, también lo hace su público. Aunque nada sea perfecto.

Una batalla contra sí misma

Su último trabajo refleja bien esta lección. Ya el título, 'Mil batallas', da pistas de la guerra que ha vivido consigo misma. “Es como un grito de libertad hacia mí y hacia fuera. Muchas canciones lo representan y buscan un deshielo. La libertad desde la perspectiva de uno mismo, de una persona autoexigente, terriblemente perfeccionista a la que cualquier cosa le dañaba. Estos tres años de parón me han dado visión”, replica.

Su disco es un manual de instrucciones sobre ella misma que asegura la representa muy bien. Pero avisa, “tienes que escucharlo de principio a fin” si quieres “conocer a quien te lo está contando”. ¿Y qué descubrirá el oyente? “Esa parte de ingobernable. Ese, abran fuego, que no me vais a parar” asegura. Las letras no son contra nadie, si acaso, contra ella misma. Malú es también un personaje famoso con una vida expuesta en un mundo digital cada vez más polarizado donde “las posiciones son brutales y no se es consciente del daño que se hace”. Ese grito de libertad significa: “oye, te van a dar, pero, ¿y a quién no?”.

No todo el mundo ha tenido en su vida la necesidad de darse cuenta de que el cerebro es más importante que una pierna. Ella sí, y fue entonces cuando se rebeló contra sí misma, una actitud, esta, la de no callarse, que viene en su ADN. “Como vea una injusticia me rebelo, no soporto el abuso hacia personas vulnerables”, y fue tras este suceso, su lesión, cuando se sintió indefensa y decidió dar un puñetazo en la mesa.

Su lado más Heavy Metal

Malú pasó su infancia entre Madrid, Sevilla y Algeciras. En la capital andaluza vivían sus abuelos, y se quedaba largas temporadas con ellos. “Nos enseñaron a vivir y ahora es todo lo contrario, ahora solo podemos convivir los que pensamos igual y eso es un atraso. Nos da igual nuestro vecino del quinto”, afirma. Por eso, muchas de sus letras hablan sobre ese sentimiento que puede, o debería, cambiar el rumbo cuando todo se tuerce. “El amor es eso que mueve el mundo, sin él no avanzaría la humanidad, no nos respetaríamos, no criaríamos. Es el lenguaje universal”, asegura.

La familia le ha dado mucho. De sus padres se lleva la pasión por la música y el respeto a una tradición, el flamenco, que es la raíz de su esencia. De su hermano mayor, José, aprendió a mirar más allá del género. De él surge un amor de juventud al heavy metal que aún dura. “La última vez que estuvieron Metallica fui, después iban a venir Iron Maiden y no pude. También me gustaba Pantera. Mi mánager me dice durante los conciertos que baje un poco, que no somos los Maiden. Al final hemos encontrado ese equilibrio. En directo somos muy de banda, de guitarras eléctricas, de cuernitos”. Toda una caja de sorpresas.  

Autor: Alfonso Álvarez-Dardet Fecha de actualización: 21/04/2022

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