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El thriller erótico en su época dorada

Los 80 y 90: Alto voltaje

En un arrebato nostálgico y a modo de reivindicación, el estreno de la tercera y última entrega de las adaptaciones de la obra de E. L. JamesCincuenta sombras liberadas, nos recuerda la longeva época dorada del thriller erótico en Hollywood, películas que no tenían miedo a adentrarse en el lado más oscuro del placer mientras situaban a sus personajes en una espiral de peligro y sexo. En la cinta de James Foley, Christian Grey ( Jamie Dornan) y Anastasia Steele ( Dakota Johnson) se han casado finalmente, y ahora afrontan nuevos desafíos en la pareja y la amenaza en la sombra de un viejo conocido.

 

El estreno de la esperadísima  Cincuenta sombras liberadas nos retrotrae a años más prolíficos en el género, y de ahí rescatamos en la galería sobre estas líneas 10 de los títulos más recordados.

Fuego en el cuerpo (Lawrence Kasdan, 1981)

El thriller erótico en su época dorada

 

Lawrence Kasdan, por entonces conocido como uno de los guionistas de El imperio contraataca y En busca del arca perdida, debuta como director con una recuperación de los viejos códigos del cine negro clásico envuelta en una asfixiante atmósfera de calor y deseo sexual. Abogados mediocres y mujeres insatisfechas con crímenes pasionales en la sudorosa Florida que hacen recordar a la Perdición de Billy Wilder, con Kathleen Turner en modo Barbara Stanwick y William Hurt, aun con pelo, preguntándose si alguna vez se verá en otra semejante. Ojo a la breve aparición de Mickey Rourke, poco más tarde uno de los iconos sexuales de la década de los ochenta.

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El cartero siempre llama dos veces (Bob Rafelson, 1981)

El thriller erótico en su época dorada

 

David Mamet potenció el erotismo del material literario de James M. Cain que ya había sido llevado al cine en el Hollywood clásico por Tay Garret en 1946 con John Garfield y Lana Turner, esta vez con Jack Nicholson como el buscavidas de la gran depresión que llega a perturbar la aburrida existencia matrimonial de una ardiente Jessica Lange. Inferior al film original, pero no exenta de interés, el polvo en la mesa de la cocina sigue siendo un icono del erotismo hollywoodiense moderno, otra vez con la infidelidad y el conformismo vital como telón de fondo de la trama.

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Nueve semanas y media (Adrian Lyne, 1986)

El thriller erótico en su época dorada

 

Tótem del mainstream con componente erótico en la década de los ochenta, uno de los pelotazos como director de Adrian Lyne fue este ligero drama emocional/existencial que llevaba al terreno del videoclip y la coyuntura de la América de Reagan los parámetros de la controvertida El último tango en París (Bernardo Bertolucci, 1972). Mickey Rourke y una espectacular Kim Basinger quedaron en la historia como los dos iconos sexuales más importantes del cine de la época, y el resto ya lo pueden imaginar tarareando el legendario tema de Joe Cocker: ya saben, You can leave your hat on.

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Atracción fatal (Adrian Lyne, 1987)

El thriller erótico en su época dorada

 

Por mentira que pueda parecer (y es que la década de los ochenta fue dura a nivel cualitativo para Hollywood), y a pesar de que hoy está generalmente considerada como un bodrio, este thriller de obsesiones con Glenn Close en plan despechada psicótica estuvo nominado a seis Oscar en su día, incluyendo mejor película, director (otra vez Adrian Lyne, el gurú del subgénero) y actriz principal. El trabajo de Michael Douglas, otro experto en estas lides, no fue reconocido por este film, pero ese mismo año acabó levantando la estatuilla por su papel de Gordon Gecko en la Wall Street de Oliver Stone.

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El corazón del ángel (Alan Parker, 1987)

El thriller erótico en su época dorada

 

El componente erótico de esta fascinante mezcla entre noir y cine de terror con logradísima atmósfera de pesadilla sureña y pegajosa se reducía a una secuencia, pero menuda secuencia: alto voltaje interracial entre un Mickey Rourke perdido en trabajos con el diablo y una Lisa Bonet (recordemos, la “hija” de Bill Cosby en su famoso show de los ochenta) completamente poseída (literalmente) por algo más que el deseo. Uno de los mejores trabajos del irregular Alan Parker, con una de las mejores interpretaciones de Rourke y una deliciosa y aterradora participación de Robert De Niro.

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Instinto básico (Paul Verhoeven, 1992)

El thriller erótico en su época dorada

 

A Sharon Stone ya le habíamos cogido la matrícula después de sus participaciones en alguna secuela de Loca Academia de Policía (la cuarta, si mal no recordamos), su protagonismo en Las minas del rey Salomón versión Cannon junto a Richard Chamberlain y un pequeño pero importante papel en Desafío total, del propio Verhoeven. En Instinto básico eclipsa por completo a Michael Douglas y se convierte de facto en el icono sexual indiscutible de los noventa, con el cruce de piernas más famoso de la historia del cine. Encima, la película es un espléndido e inverosímil thriller cargado de sexo, violencia e ironía a cargo del infiltrado más subversivo que jamás tuvo Hollywood.

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El cuerpo del delito (Uli Edel, 1993)

El thriller erótico en su época dorada

 

Hollywood reclutó al director de la polémica Yo, Cristina F (1981), el alemán Uli Edel (aún en activo, aunque mejor no preguntar por sus films) para encargarse de un desvergonzado exploit de Instinto Básico (colindante al plagio) en el que la única diferencia entre Michael Douglas y Willem Dafoe (además del atractivo, que irá por gustos) es la profesión en este caso el abogado de la sospechosa de asesinato interpretada por Madonna, principal reclamo del film. Eso sí, la carga erótica de las escenas es incluso superior a la de la cinta de Verhoeven, por lo que los fans de la ambición rubia quedaron satisfechos.

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Sliver (Acosada) (Phillip Noyce, 1993)

El thriller erótico en su época dorada

 

Después del pelotazo de Instinto básico se intentó repetir la fórmula guión de Joe Eszterhas + protagonismo de Sharon Stone con este delirante thriller voyeur basada en una novela de Ira Levin. Stone está tan guapa como perdida, las escenas de sexo carecen de fuerza y William Baldwin (horroroso) y Tom Berenger no saben qué hacer con sus personajes. Si en lugar del impersonal Phillip Noyce esta historia hubiera caído en manos de Brian De Palma, otro gallo nos hubiera cantado. ¿Lo mejor? La música de Howard Shore.

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El color de la noche (Richard Rush, 1994)

El thriller erótico en su época dorada

 

Delirante exploit de Instinto Básico que mueve a la simpatía por el protagonismo de un Bruce Willis en la cima de su fama, el extraño atractivo de Jane March y la imprescindible Leslie Ann Warren y unas secuencias de sexo por momentos cercanas al porno S, con una trama criminal paralela al estilo whodunit que se resuelve a las maneras del giallo italiano más despendolado. Una deliciosa macarrada de sexo en piscinas y serpientes en el buzón con un twist final que ríete tú de M. Night Shyamalan.

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Showgirls (Paul Verhoeven, 1995)

El thriller erótico en su época dorada

 

Paul Verhoeven y Joe Eszterhas, director y guionista, vuelven a unirse después de Instinto Básico para ofrecer un demoledor retrato sobre el sueño americano como castillo de papel mojado que en su día (casi) nadie supo detectar, quedando en la superficie de un drama sobre bailarinas de striptease compitiendo por la fama. Más allá de los desnudos y las escenas de sexo, que no son pocas, uno de los films con más mala baba de Verhoeven, que utiliza la retórica del cine basura para arremeter, como buen infiltrado en Hollywood que era, contra los propios métodos del establishment. Al igual que ocurrió posteriormente con la extraordinaria Starship Troopers, gran parte de público y crítica se quedaron en la superficie.

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Crash (David Cronenberg, 1996)

El thriller erótico en su época dorada

 

David Cronenberg, que había vivido su cima creativa en los ochenta, se lleva a su terreno la novela de J. G. Ballard para organizar un espectáculo tan desagradable como fascinante orquestando en un todo orgánico un festival de sexo y violencia, de carne y metal, articulado en torno a los recovecos más abisales del deseo humano. No hay cabida para los términos medios en una de las obras más personales de su autor (y hay donde elegir) que teoriza sobre la deshumanización de una existencia basada en el materialismo y la búsqueda egoísta del placer. Memorables James Spader, Elias Koteas y una hipersexualizada Deborah Karah Unger.

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Lazos ardientes (Hermanos Wachowski, 1996)

El thriller erótico en su época dorada

 

Interesante ejercicio de cine negro moderno con un alto contenido de erotismo lésbico (muy bien sostenido por dos actrices de atractivo tan distinto como complementario, Gina Gershon y Jennifer Tilly) el llevado a cabo en su debut por los hermanos (ahora hermanas) Wachowski antes de saltar a la fama mundial con Matrix (1999). Un buen thriller que moderniza en la forma los códigos clásicos del noir, con no pocos hallazgos de puesta en escena y una gran fotografía de Bill Pope, que ya presagiaba algunas de las inquietudes más recurrentes de sus autores y que, a la vista de los últimos esperpentos, quedará en buen lugar una vez valoremos su filmografía en conjunto.

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Juegos salvajes (John McNaughton, 1998)

El thriller erótico en su época dorada

 

Irresistible mezcla de neo-noir, thriller erótico y comedia teen con una premisa que frivoliza con algo tan serio como la violación y un desarrollo de guion hilarante y tramposo –como mandan los cánones- que pasará a la historia por la tórrida secuencia del trío entre Matt Dillon y dos de los iconos sexuales post-adolescentes de finales de los noventa, Denise Richards y Neve Campbell.  También aparecen en esta fiesta pulp Kevin Bacon y Bill Murray, dirige John McNaughton y el pequeño culto que originó el film hizo que se realizaran varias secuelas directas al mercado de video.

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Autor: Carlos Morcillo Mira | Guía del Ocio Fecha de actualización: 09/02/2018