10 películas que son menos románticas de lo que parecen

Amores no correspondidos, relaciones tóxicas, matrimonios al borde del precipicio o amistades muy intensas se esconden detrás de estas películas que proponen un punto de vista más realista, y menos azucarado, del género romántico.

 

El séptimo arte está repleto de películas (dramas, comedias o una mezcla de ambas), que ensalzan el amor ideal; el del flechazo; el de "vivieron felices y comieron perdices". Sin embargo, hay otras que, bajo esa apariencia de romance al uso, albergan toda una carga de profundidad contra algunos ideales, casi de ciencia ficción, que durante décadas ha alimentado el cine. Con el día de San Valentín a la vuelta de la esquina, nos ponemos haters y recordamos algunos films que exploraron el lado menos glamuroso (a veces incluso tóxico) de este sentimiento o, simplemente, lo confundieron con una platónica y sincera amistad.

(500) días juntos (2009), de Marc Webb

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"Esta es una historia sobre el amor, pero no es una historia de amor", avisaba el inicio de este clásico de culto de Marc Webb. Toda una declaración de intenciones para cualquiera que esperaba encontrarse ante la típica comedia de turno, protagonizada por dos jóvenes y guapos (en este caso, Joseph Gordon-Levitt y Zooey Deschanel) donde chico conoce a chica, se enamoran y se casan. Durante parte del metraje la cinta colmaba estas expectativas, hasta que en un giro de los acontecimientos, el espectador (o la espectadora) empieza a descubrir que esto va de algo muy diferente; algo que, además, es bastante probable que haya sufrido en sus propias carnes: el amor no correspondido. La química entre los personajes, los guiños cinéfilos y una cautivadora banda sonora convierten a (500) días juntos en una de las películas más encantadoras que jamás se han hecho sobre el desamor.

Blue Valentine (2010), de Derek Cianfrance

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Ryan Gosling y Michelle Williams (que consiguió una nominación al Oscar por este papel) interpretan en Blue Valentine a un matrimonio que, tras siete años juntos y una hija en común, ve cómo la chispa se ha apagado. Decididos a revitalizar su relación, decidirán pasar una intensa noche en la habitación de un hotel, donde revivirán los momentos clave de su ahora maltrecho romance. Derek Cianfrance dirige este drama, con polémica escena de sexo incluida, que habla sobre el desgaste de los sentimientos y las cosas que somos capaces de hacer para evitar afrontar que el amor se acabó.

¡Olvidate de mi! (2004), de Michel Gondry

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A más de uno (o una) le habría gustado tirar del neuralizador de los Men in Black para sacarse de la cabeza una mala experiencia sentimental. A algo parecido recurría Jim Carrey en ¡Olvídate de mi!, comedia dramática con la habitual originalidad del guionista Charlie Kaufman y la fantasía visual del director Michel Gondry, donde una empresa especializada en borrar recuerdos le ofrecía la posibilidad de olvidar su última y fallida relación. En este proceso, la película mostraba pequeñas píldoras de su romance con Clementine ( Kate Winslet), así como los momentos menos agradables del tiempo que pasaron juntos. Acabado el film habrá quien vea en él una reflexión sobre las segundas oportunidades en el amor, y quien considere que, en lo que respecta a los sentimientos, solemos tropezar más de una vez con la misma piedra.

Begin Again (2013), de John Carney

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Ella ( Keira Knightley) acaba de romper con su novio (Adam Levine), también cantante y, justo ahora, nueva estrella de rock. Un productor discográfico en horas bajas ( Mark Ruffalo) la conoce mientras actúa en un tugurio de Manhattan y queda prendado de su talento. Comparten auriculares, mantienen charlas melómanas e intercambian playlists. Este punto de partida, que bien podría desembocar en un emocionante romance (simplemente hay que echar un ojo a la reciente Ha nacido una estrella), se convertía en Begin Again en una profunda amistad (con algún que otro fallido flirteo, todo sea dicho) donde los protagonistas comparten su amor...por la música, tema recurrente en la filmografía del director John Carney.

La ciudad de las estrellas (La La Land) (2016), de Damien Chazelle

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La ciudad de las estrellas (La La Land), el aplaudido musical de Damien Chazelle, ha terminado siendo considerado por muchos como una de las historias de amor más emocionantes de los últimos tiempos. Sin embargo, cuando uno revisita el romance entre una aspirante a actriz ( Emma Stone) y un humilde pianista de jazz ( Ryan Gosling), se da cuenta de que, más allá de terribles caprichos del destino, lo que termina por dinamitar su relación es, irónicamente, alcanzar sus distintas ambiciones personales. En este caso, el éxito pudo con el corazón, aunque los sentimientos siempre estén ahí, y les hagan replantearse cómo podría haber sido su vida. De ahí surge el tono melancólico del film, que sabe desde el principio que, en algún momento, el "yo" se enfrentaría al "nosotros", y sólo podría quedar uno.

Juliet, desnuda (2018), de Jesse Peretz

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En la línea de otra aclamada adaptación de una novela de Nick Hornby (Alta fidelidad), Juliet, desnuda convierte el amor y la música en íntimos compañeros de alcoba. En este caso, la cinta se sostiene sobre el triángulo amoroso formado por una pareja que, tras 15 años, se encuentra estancada entre sueños incumplidos (ella, Rose Byrne) y una obsesiva afición melómana (él, Chris O´Dowd), a la que se une el cantante al que éste rinde pleitesía ( Ethan Hawke). Con grandes dosis de nostalgia y un humor irónico y melancólico, el director Jesse Peretz habla sobre los ciclos del amor, desde la emoción de los primeros momentos, hasta su ocaso, así como los sacrificios, frustraciones y arrepentimientos personales que a veces implica.

Lost in Translation (2003), de Sofia Coppola

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Sofia Coppola se llevó a casa el Oscar a Mejor guión original por esta extraordinaria comedia dramática, hoy clásico de culto, que sirvió para recuperar al mejor Bill Murray. Con algo de autoparodia, el actor interpretaba a una estrella en horas bajas que ha viajado a Tokio para rodar un anuncio. Allí se encontraría con una veinteañera ( Scarlett Johansson) cuyo marido, fotógrafo, le abandona a su suerte durante sus interminables horas de trabajo. A lo largo de sus paseos por la alienante metrópolis nipona, estas dos almas solitarias compartían sus penurias con el fantasma del romance siempre al acecho, pero nunca materializado. Melancolía y un irónico sentido del humor son las armas de este film imprescindible para todo aquel que busque algo más que la típica historia de amor.

La boda de mi mejor amigo (1997), de P.J. Hogan

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Pocas comedias románticas como ésta de P.J. Hogan albergan una concepción tan nociva y distorsionada del amor. Quizá por ello, la eterna novia de América Julia Roberts decidió salir de su encasillamiento con este papel, el de una mujer tan encantadora como odiosa que, justo el día que su mejor amigo ( Dermot Mulroney) le anuncia que se va a casar, decide que está locamente enamorada de él. Con artimañas dignas de una sociópata, abordadas con el sentido del humor y el enredo típicos del género, la película mostraba los esfuerzos del personaje de Roberts por boicotear el enlace, mientras jugaba con un pseudo triángulo romántico (completado por Cameron Díaz), que nunca llegó a ser tal. Esta versión moderna de El perro del hortelano terminaba con un final feliz, pero, por suerte, no el que cabría esperar.

Quiéreme si te atreves (2003), de Yann Samuell

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Quiéreme si te atreves destrozaba por completo los tópicos del género romántico y llevaba la relación de amor-odio entre sus protagonistas ( Guillaume Canet y Marion Cotillard, pareja en la vida real) hasta el límite de lo tóxico. Estos peculiares enamorados se conocen desde niños, época en la que iniciaron una serie delirantes desafíos mutuos que, con el tiempo y la madurez, se convirtieron en retorcidas faenas donde se humillaban y hacían daño mutuamente. El humor negro, y un realismo mágico que por momentos recuerda a Amelie, impregnan esta macabra fábula donde el miedo a quedar como un cobarde, la adrenalina del juego y la atracción irresistible quedan por encima de los sentimientos. Su rocambolesco final invita a mil y una interpretaciones.

Persiguiendo a Amy (1997), de Kevin Smith

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Tercer largometraje y uno de sus clásicos de culto antes de convertirse en una parodia de sí mismo, Kevin Smith abordaba con su particularidad retórica freak y sin pelos en la lengua la inmensa complejidad de las relaciones, tanto sentimentales como de amistad, en esta divertida e irreverente comedia no-tan-romántica. Los protagonistas son dos prometedores creadores de cómics que, tras conocer a una compañera de profesión (Joey Lauren Adams), ven cómo sus vidas cambian por completo. Uno de ellos ( Ben Affleck) se enamorará de ella a pesar de que es lesbiana, y establecerá un complejo vínculo afectivo donde el amor y la camaradería se confunden. Mientras tanto, el otro ( Jason Lee), se siente desplazado. Este polvorín emocional abocado al fracaso terminaría desembocando en una interesante reflexión sobre sexualidad y prejuicios.

Autor: Juanjo Velasco Fecha de actualización: 12/02/2020