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10 obras de arte erótico en museos españoles

Desnudos, escenas lúbricas y mitos vinculados al sexo protagonizan algunas de las mejores piezas de nuestras colecciones

La serie de arte erótico en Madrid que recopilamos con anterioridad nos dejó con la miel en los labios. Teníamos ya ganas de recorrer también algunos de los museos del resto de la geografía nacional para contemplar sus obras más sensuales y con cierto tono picante. Hemos caído en la tentación y, aunque hay muchas más, a continuación te mostramos una decena de atractivas creaciones conservadas en Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Vizcaya,  Girona,  Badajoz y Córdoba. Por supuesto, si puedes, ¡no dejes de acercarte para disfrutarlas en persona!

1. TIZIANO: VENUS RECREÁNDOSE EN EL AMOR Y LA MÚSICA (H. 1555)

El maestro de la escuela veneciana, uno de los pinceles más sensuales del arte occidental, llegó a realizar cinco versiones de este tema, en las que, entre otros detalles, cambia el organista, por un tañedor de laúd, y el Cupido, por un perro. Dos de ellas se encuentran en las colecciones del Museo del Prado. Entre sus diversas interpretaciones, hay quienes las consideran como simples escenas eróticas y quienes ven en ellas alegorías neoplatónicas de los sentidos. La diosa romana del amor, la belleza y la fertilidad aparece aquí en claro contraste con el resto del cuadro, recostada, junto a su inseparable compañero y escuchando la música que toca el caballero, cuya mirada se focaliza en las sensuales formas de su cuerpo desnudo. Al fondo, tras una ventana, cae la tarde sobre los jardines de la villa. Se trata de una escena de erotismo crepuscular que acusa la significación sexual de la mirada.

2. TOM WESSELMANN: DESNUDO Nº1 (1970)

Hacemos un viaje en el tiempo de más de 400 años y nos situamos en el Pop Art norteamericano, donde vuelve a aparecer, en otro contexto artístico e histórico, el viejo tema de la mirada y el objeto. Wesselmann se acerca con esta obra del Museo Thyssen-Bornemisza (en Madrid) a sus Grandes desnudos americanos, pintando el cuerpo femenino en primer término a lo largo de toda la superficie horizontal, con colores planos que aportan frialdad y dan cierto aspecto abstracto y despersonalizado y recalcando con exageración algunas zonas erógenas. Junto a esta mujer convertida en símbolo sexual, se incluyen elementos como una naranja, un florero con rosas o su autorretrato, que relacionan el cuadro con su serie Dormitorios. El detalle de poner su propio retrato en la escena ha dado pie para considerar este desnudo como un sueño erótico de masturbación.

3. MARIÀ FORTUNY: LA ODALISCA (1861)

Aunque no es su óleo más conocido y está pintado sobre cartón, sí es una de sus pinturas más sugerentes. Continuando el estilo orientalista tan de moda en el siglo XIX e influenciado por Ingres y Delacroix, el artista de Reus envió esta obra desde Roma a la Diputación Provincial de la Ciudad Condal, como primera entrega por su beca de pensionado de pintura. Completamente diferente a la temática solicitada, podría ser que Fortuny decidiera este cambio tras su primera visita a Marruecos en 1860. Sin embargo, llama la atención el gran parecido de la modelo con la del cuadro Mujer dormida, de su compañero en la capital italiana Eduardo Rosales. En el del catalán, que se puede ver en el MNAC ( Barcelona), destaca una sensual diferencia: la mano izquierda de la esclava que escucha el laúd de un músico aparece modificada, abierta hacia arriba, con gesto lánguido y en disposición de entrega.

4. PICASSO: ÁNGEL FERNÁNDEZ DE SOTO CON UNA MUJER (1902-1903)

Entre las numerosas obras que el artista malagueño tiene en el Museu Picasso de Barcelona, hemos elegido una realizada durante su período azul que, sin ser de las más destacadas, pertenece a la serie de dibujos eróticos que comenzó al trabajar en el estudio de Àngel Fernández de Soto, con quien visitó los burdeles de la ciudad. Con tinta sepia a pluma, aguada, acuarela y lápiz Conté, el prolífico autor recoge sobre papel, con gran detalle y de forma abierta, una de las escenas de estas visitas al Barrio Chino. Coincidencia o no, resulta especialmente curiosa la oposición entre la copa que sujeta la figura femenina y la pipa que mantiene el hombre entre sus labios, mientras que en la parte inferior ambos se acarician sin recato, ni simbolismo.

5. JIM DINE: TRES VENUS ESPAÑOLAS ROJAS (1997)

La serie de Venus del Museo Guggenheim de Bilbao, realizada específicamente para el atrio del centro diseñado por Frank Ghery, es la que tiene mayor tamaño de todas las que ha venido realizando el pintor estadounidense Jim Dine desde 1970. Esta continuidad refleja su interés por la antigüedad, que también se aprecia en una serie de dibujos inspirados en esculturas griegas y romanas. La Venus de Milo aparece en este conjunto decapitada, sin brazos y parcialmente cubierta, conformando así una figura más universal. De un rojo intenso, aunque las tres piezas cubistas parezcan iguales, tienen sutiles diferencias. El conjunto evoca temas como el Juicio de París o las tres Gracias.

6. VRANCKE VAN DER STOCKT: PUERTAS DEL TRÍPTICO DEL JUICIO FINAL (C. 1460)

La Expulsión del Paraíso que se puede observar, de momento, en el Museo de Bellas Artes de Valencia, donde está depositado por el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias “González Martí", conforma las caras exteriores del tríptico del Juicio Final, asignado al pintor flamenco Vrancke van der Stockt. Por circunstancias históricas, la tabla central se encuentra, sin embargo, en el Museo de la Ciudad de Valencia. El conjunto, que sigue el modelo del políptico del Hôtel Dieu en Beaune (Francia), de Van der Weyden, hemos podido verlo agrupado sólo en ocasiones excepcionales. La iconografía cristiana de la parte que nos ocupa representa la expulsión de Adán y Eva del Paraíso terrenal por el pecado original. La manzana y los cuerpos desnudos tapándose evidencian que el hombre ha caído en la tentación ofrecida por la mujer y ambos toman conciencia de una diferencia que ahora les perturba.

7. ANTONIO MARÍA ESQUIVEL Y SUÁREZ DE URBINA: JOSÉ Y LA MUJER DE PUTIFAR (1854)

De nuevo, como en tantas obras de la Historia del Arte, un episodio narrado en textos religiosos adquiere pictóricamente un tinte provocador. En este lienzo de Esquivel, uno de los grandes retratistas románticos de la escuela sevillana, se describe lo contado en el Génesis 39: 7-20. Para relatar la insinuación de la mujer al esclavo de su marido, que se veía forzado a rechazarla, el pintor ha aprovechado aquí para presentar un desnudo donde predomina la gesticulación teatral de los personajes. El óleo forma pareja con La casta Susana. Ambos cuadros fueron encargados, como academias de desnudos, por José María Bracho y Morillo y hoy en día pueden contemplarse en el Museo de Bellas Artes de Sevilla

8. DALÍ: ROSTRO DE MAE WEST UTILIZADO COMO APARTAMENTO (C. 1974)

La fascinación del artista catalán por la actriz americana Mae West le llevó a realizar una instalación en la que utilizó sus rasgos faciales para crear un apartamento surrealista. El proyecto pudo llevarse a cabo en el Teatro Museo Dalí de Figueras cuarenta años después de su concepción, con la ayuda del arquitecto Oscar Tusquets. En el espectacular espacio, la sensualidad queda plasmada a lo grande en tres dimensiones: los labios se han transformado en un sofá, los cabellos son cortinas y los ojos forman parte de dos paisajes.

9. LUCERNA ROMANA CON SIMPLEGMA ERÓTICO

Entre los valiosos objetos arqueológicos que se conservan en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida, hay una serie de lucernas con escenas eróticas en las que se aprecian prácticas que van desde las más comunes hasta las más anómalas y aberrantes. Son imágenes que, junto a otras manifestaciones, vienen a corroborar la idea de desenfreno y libertinaje con la que, en ocasiones, asociamos el periodo precedente a la Edad Media. Sin embargo, conviene apuntar que la imagen del sexo en esta época no siempre tenía que ver con el erotismo. Precisamente, la institución ha organizado una exposición, entre febrero de 2015 y marzo de 2016, sobre la cuestión de la sexualidad en el contexto de la ciudad romana de Augusta Emerita donde se abordan estos temas. En el caso del ejemplar que hemos escogido aquí, se trata de una cerámica romana utilizada para el alumbrado, a modo de nuestros candiles o lámparas de aceite, cuyo disco está decorado con el moldeado de una pareja practicando el sexo de manera explícita. En ocasiones, también el arte es obsceno. La pieza procede del Cuartel de Artillería de la comarca de Mérida ( Badajoz). 

10. JULIO ROMERO DE TORRES: LA NIETA DE LA TRINI (1929)

El pintor cordobés escandalizó a la sociedad de su época con las inquietantes mujeres desnudas que retrataba en sus obras. La mujer andaluza se convierte con sus pinturas en un nuevo símbolo erótico, en el que se combina carácter, fortaleza y una desbordante voluptuosidad. Todo ello se une en sus composiciones a una gran capacidad para representar la figura humana, un particular uso del Simbolismo y de las alegorías, dominio de la morbidez y una extraña utilización de la luz en los escenarios. El Museo Julio Romero de Torres, en Córdoba, atesora la mayor parte de su producción. La nieta de la Trini, ubicada en la sala dedicada a grandes manifestaciones culturales de su tierra, como el flamenco, la copla y el cante hondo, muestra un desnudo integral, con una navaja en la mano y una flor en la cabeza, una gargantilla y grandes pendientes como únicos adornos. A su lado, otra mujer con una guitarra y, al fondo, la Ribera, la Torre de Calahorra y el Puente Romano. El cuadro es un homenaje póstumo a la famosa cantaora y es un ejemplo más de este prototipo de mujer, que suele mirar directamente al espectador, sumando a su belleza una interesante tensión erótica.

Autor: Silvia Álvarez Fecha de publicación: 03/06/2015