10 mafiosos de cine que, más que miedo o respeto, dieron vergüenza ajena

Recordamos algunos gangsters de la gran pantalla que, en su afán por reformarse o provocar miedo a familias rivales y policías entrometidos, se acabaron convirtiendo en una parodia, o un despropósito.

 

Algunos de los criminales más sanguinarios e implacables de la historia del cine pertenecían a la Cosa Nostra, de donde también han salido hampones que, a veces de manera voluntaria y otras como resultado de una serie de despropósitos cinematográficos, han sido objeto de mofa. Quien mejor ha sabido encontrar el equilibrio entre el humor y los peligros de vivir al otro lado de la ley ha sido Guy Ritchie, que con The Gentlemen: Los señores de la mafia regresa a su particular universo de los bajos fondos londinenses. Con motivo de este estreno repasamos algunos de los mafiosos que, entre lo ridículo y la vergüenza ajena, han intentado hacer negocios turbios en la gran pantalla.

Paul Vitti (Robert De Niro) en Otra terapia peligrosa

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En Una terapia peligrosa, Robert De Niro se reía con sorna de los numerosos gangsters que habían dado lustre a su filmografía. El éxito de la cinta, que consiguió recuperar a De Niro para los premios (fue nominado a los Globos de Oro en la categoría de comedia) dio lugar a una infame secuela donde todo lo bueno que tenía su predecesora (el intercambio de diálogos ingeniosos, el humor negro y sarcástico, la química entre los protagonistas) se iba a dormir con los peces. Otra terapia peligrosa ¡Recaída total! se convertía en una parodia sin gracia, repleta de tics y gags trasnochados cuya existencia sólo se justifica por el deseo de director (Harold Ramis) e intérpretes por aprovechar el tirón de la primera entrega y cobrar un jugoso cheque. Como muestra de ello, no hay más que ver a Paul Vitti, otrora temido jefe de la mafia, desgañitándose con el repertorio de West Side Story.

Big Boy Caprice (Al Pacino) en Dick Tracy

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Aunque hoy en día esta adaptación dirigida y protagonizada por Warren Beatty como el mítico detective inmortalizado por las viñetas de Chester Gould se ha convertido en algo parecido a un clásico de culto, Dick Tracy no ha envejecido especialmente bien. Una de las cosas que peor han soportado el paso del tiempo, hasta casi rozar la vergüenza ajena, es la interpretación de Al Pacino. Con las mismas cantidades de látex en su cara que de sobreactuación, Pacino se escondía tras la careta de Big Boy Caprice, jefe de la mafia obsesionado con poner unos zapatos de plomo al héroe de la gabardina amarilla. Dentro del conjunto de la cinta, que se aleja de cualquier atisbo de realismo para convertirse en una fiesta de surrealismo comiquero, encaja como anillo al dedo. Si hablamos de gangsters ridículos, también. Aquel año también estrenó El Padrino III y recibió una nominación al Oscar, pero les sorprendería por cuál de los dos papeles fue.

Mickey Cohen (Sean Penn) en Gangster Squad (Brigada de élite)

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Aparentemente, Gangster Squad (Brigada de élite) lo tenía todo: un director en pleno auge tras Zombieland, un reparto de lujo ( Ryan Gosling y Emma Stone, entre muchos otros), una historia de gangsters basada en hechos reales y convertida en best seller por Paul Lieberman y al mismísimo Sean Penn como el violento y sanguinario mafioso Mickey Cohen. Al final, tantas expectativas acabaron en el fondo del río cuando se vio el resultado, un ruidoso espectáculo de tiroteos y mensajes reaccionarios que se apoyaba en todos y cada uno de los estereotipos del noir. Penn se contagió (o, a juzgar por su interpretación, fue poseído) por el espíritu kitsch de la cinta y firmó un capo del crimen completamente pasado de vueltas, coronado por una nariz postiza que no ayudaba precisamente a tomárselo en serio.

John Paul Gotty (John Travolta) en Gotti

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Entre los 80 y 90, el nombre John Paul Gotti provocaba pánico con sólo escucharlo. Después del infame biopic perpetrado por Kevin Connolly y protagonizado por John Travolta (considerada por muchos como la peor película sobre la mafia jamás creada), el terror ha dado paso a la vergüenza ajena. Hubo críticos que consideraron que Gotti, un hombre que, recordemos, construyó su imperio a base de extorsionar, sobornar y asesinar, no merecía una película como ésta. Entre saltos temporales incomprensibles, Travolta lucía peluca, maquillaje digno de un sketch de Joaquín Reyes y se esforzaba por dar, a base de tics y bofetadas, algo de sentido a una película por la que pasaron 4 directores y 44 productores. A la vista del resultado, está claro que no lo consiguió.

Jimmy Tudesky (Bruce Willis) en Falsas apariencias

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Tras unos años de capa caída, El sexto sentido parecía resucitar la carrera de Bruce Willis que, sin embargo, decidió enrolarse poco después en esta desaprovechada comedia negra junto a  Matthew Perry, por aquel entonces todavía estrella televisiva gracias a la serie Friends. El éxito de taquilla de la cinta (fue durante 3 semanas seguidas número 1 en EE.UU.) no oculta el que puede ser uno de los papeles menos carismáticos de Willis: Jimmy "el Tulipán" Tudesky, un gangster que, tras traicionar a la mafia, se encuentra en proceso de reinserción a través del programa de protección de testigos. Willis se limita a poner sonrisas forzadas y meter miedo al impresionable personaje de Perry para cobrar un cheque que, a juzgar por su regreso en la infame secuela Más falsas apariencias, tuvo que ser bastante suculento.

Tommy (Joe Pesci) en Ocho cabezas

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Si Al Pacino y Robert De Niro habían arrastrado su prestigio en el cine de gangsters por comedias vergonzosas, Joe Pesci no iba a ser una excepción. Encasillado en el mismo rol de mafioso desde Uno de los nuestros, Pesci volvía a sacar su repertorio de gestos y muecas en esta comedia negra donde interpretaba a un sicario de la Cosa Nostra que viaja con 8 cabezas humanas en una bolsa de viaje (suponemos que, por aquel entonces, los controles de equipaje eran menos exhaustivos), pero que la termina perdiendo en una confusión en el aeropuerto. Con más humor que violencia, Pesci intentaba sostener una cinta catastrófica, sin pies ni cabeza (perdón por el chiste fácil), de la que hoy casi nadie se acuerda.

Angelo Provolone (Sylvester Stallone) en Oscar ¡quita las manos!

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En la cima de su popularidad (acababa de terminar Rocky V), Sylvester Stallone decidió seguir los pasos de su amigo y rival Arnold Schwarzenegger y probar con la comedia. Mientras el austriaco intentaba gobernar a un grupo de preescolares en Poli de guardería, el italoamericano decidió convertirse en Angelo (atención al apellido) Provolone, un mafioso y contrabandista que promete a su padre moribundo (Kirk Douglas) que se va a reformar. Por supuesto, cambiar de lado de la ley no sería tarea sencilla, y aún más con enredos familiares, joyas perdidas y familias rivales o agentes de la ley al acecho. John Landis aportaba oficio y el reparto de secundarios rayaba a buen nivel, pero Stallone demostraba que, como cómico, tenía menos futuro que un guerrillero enemigo en la saga Rambo.

Vincenzo Cortino (Lloyd Bridges) en Mafia ¡estafa como puedas!

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Mafia ¡estafa como puedas! parodiaba los clichés y algunos de los momentos más míticos de películas como Casino, Uno de los nuestros o la trilogía de Coppola en una película que supondría el último gran servicio de Jim Abrams (Aterriza como puedas) a las spoof movies. El padrino de este particular clan de la Cosa Nostra era un Lloyd Bridges que, en su último papel, firmaba una delirante interpretación como un anciano gangster que, en sus últimos días, repasa cómo construyó su imperio y decide a cuál de sus díscolos hijos debe dejárselo en herencia. En el mejor sentido de la palabra ridículo, Bridges demostraba su talento para la comedia en todo tipo de gags que van desde el humor físico y escatológico, hasta momentos que difuminaban la línea entre lo surrealista y la vergüenza ajena.

Michael Felgate (Hugh Grant) en Mickey ojos azules

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En 1999, había llegado un momento en que Hugh Grant no se adaptaba al tono de una película, sino que era la película la que se adaptaba al tono de Hugh Grant. De esta manera, el londinense se enrolaba en su enésima comedia romántica en la que tiraba de su habitual repertorio de gestos y tics histriónicos para interpretar a un marchante de arte que, tras conocer a su suegro (un capo de la Cosa Nostra), terminaba involucrado en los negocios de su "familia" política. Poco más destaca de una comedia convencional, construida a base de clichés del género de gangsters, que pasó sin pena ni gloria por la taquilla. Al menos, el fracaso sirvió a Grant para dar, por fin, un giro a su carrera.

Charlie Luciano (Christian Slater), Meyer Lansky (Patrick Dempsey), Frank Costello (Costas Mandylor) y Bugsy Siegel (Richard Griego) en El imperio del mal

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Cuando uno vuelve a ver hoy El imperio del mal, noir heredero de una época donde una película triunfaba en taquilla en función de su número de tiroteos o explosiones, se pregunta qué habrían sido capaces de hacer Scorsese o Coppola con esta historia (y otro guión) sobre el ascenso de unos pandilleros de poca monta que, durante los años 20, se convirtieron en cuatro de los gangsters más importantes de la historia americana. Unos jóvenes Christian Slater, Patrick Dempsey, Costas Mandylor y Richard Grieco ponían cara de adolescentes problemáticos, y poco más, en esta cinta que, si por algo ha pasado a la historia, es por mancillar la carrera de Anthony Quinn con una nominación al Razzie.

Autor: Juanjo Velasco Fecha de actualización: 26/02/2020

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