10 comedias gore tan salvajes y desagradables, como divertidas

Sólo el cine de terror es capaz de provocar la risa mientras un grupo de inconscientes sufren todo tipo de atrocidades. Recordamos 10 películas que llevaron el humor negro hasta el extremo de lo sangriento.

 

Se conoce como splatstick (acrónimo de splatter -salpicadura- y slapstick -comedia física-) a ese subgénero del cine de terror, casi siempre de bajo presupuesto, donde la violencia salvaje , las vísceras y todo tipo de fluidos viscosos se convierten en una herramienta más para provocar la risa del espectador. Esta semana, dos propuestas tan dispares como la invasión demoníaca de Internet en Nekrotronic y el apocalípsis zombie en una granja escuela de Little Monsters recuperan para la cartelera este tipo de historias delirantes donde las mutilaciones y muertes más sangrientas incitan más la carcajada que el grito. Con motivo de su estreno, repasamos 10 míticas películas que nos divirtieron mientras pasamos miedo.

Braindead: Tu madre se ha comido a mi perro (1992), de Peter Jackson

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Hoy en día uno de los directores y productores más influyentes del séptimo arte, Peter Jackson empezó a forjar su leyenda con dos clásicos de culto de la comedia gore. Mal gusto, su ópera prima, nos situaba en un pequeño pueblo neozelandés donde unos alienígenas se dedicaban a recolectar a los lugareños y convertirlos en carne para su cadena de comida rápida intergaláctica, mientras que Braindead: Tu madre se ha comido a mi perro contaba la historia de un joven que hace todo lo posible para cuidar de su madre, incluso cuando esta se convierte en un zombi sediento de sangre. En ambas, el ínfimo presupuesto era inversamente proporcional al ingenio, el humor macabro y las considerables cantidades de fluidos y vísceras de todos los colores y viscosidad.

Tucker y Dale contra el mal (2010), de Eli Craig

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Premio a Mejor película en el Festival de Sitges 2010, Tucker y Dale contra el mal convirtió a la estupidez humana en el mejor aliado del mal para asesinar a adolescentes descerebrados. A partir de los tópicos del género, los dos protagonistas (dos rednecks que sólo quieren pasar unos días de cerveza y pesca en su cabaña) se convertían en sospechosos de secuestro y potenciales asesinos en serie ante los ojos de un grupo de jóvenes que, en plena fiebre de prejuicios y miedo irracional, terminaban con sus propias vidas en un desfile de divertidas, sangrientas e imaginativas muertes accidentales. En su ópera prima, Eli Craig demostraba a base de humor negro, comedia física y violencia desvergonzada que al psycho killer, como al libro, no hay que juzgarlo sólo por la portada.

Terroríficamente muertos (1987), de Sam Raimi

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Tras el éxito de Posesión infernal, Sam Raimi imaginó un giro más humorístico a esta historia sobre un ente demoníaco que asaltaba una cabaña en el bosque, Necronomicón mediante. Así nacía Terroríficamente muertos, segunda entrega de la saga Evil Dead donde sólo repetía un histriónico y genial Bruce Campbell. Mucha sangre, contorsiones imposibles y amputaciones convertían esta hiperviolenta historia de terror y humor negrísimo en pura diversión no apta para todos los públicos. Tras triunfar con la trilogía de Spider-Man, Raimi volvió por sus fueros con la infravalorada Arrástrame al infierno, mientras que Campbell protagonizó, en 2002, Bubba Ho-Tep, otra cinta de delirante argumento donde daba vida al mismísimo Elvis Presley, recluido en una residencia de ancianos y enfrentándose a una momia junto a un JFK negro. Sus caminos volvieron a unirse, 23 años después de El ejército de las tinieblas, en la genial Ash vs. Evil Dead, memorable cierre en forma de serie al camino del héroe de la motosierra por muñón.

Re-Animator (1985), de Stuart Gordon

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A partir de los relatos cortos del mismísimo H.P. Lovecraft, Stuart Gordon firmaba uno de los grandes clásicos de culto de la serie B: Re-Animator. El humor negro y el puro horror se encuentran en la ya mítica Universidad de Miskatonic, donde transcurre esta historia  protagonizada por Herbert West (inquietante Jeffrey Combs), un científico loco recién llegado de Europa que pretende seguir profundizando en sus experimentos de revivir el tejido humano y, por fin, vencer a la muerte. Como en otros casos, jugar a ser Dios terminaba como el Rosario de la Aurora, pero pocas veces fue tan divertido ver un festival gore donde un grupo de muertos vivientes (y sus respectivos miembros mutilados) sembraban el pánico.

Ovejas asesinas (2006), de Jonathan King

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En España vimos Planet Terror y Death Proof por separado y nos quedamos sin el formato Grindhouse que habían ideado Quentin Tarantino y Robert Rodríguez. Para compensar, Manga Films nos deleitó con su particular sesión doble de terror de serie B con Desmembrados (sobre un team building convertido en cacería humana) y Ovejas asesinas. De las dos, nos quedamos con la segunda, una producción neozelandesa heredera de los primeros trabajos de Peter Jackson (Mal gusto, Braindead) que se reía, con grandes dosis de gore, del ecologismo radical, los prejuicios raciales y la pasión que hay en el país oceánico por los ovinos. Precisamente el protagonista de la cinta, con fobia a estos animales, se tenía que enfrentar a una nueva especie modificada genéticamente, altamente homicida y capaz de infectar a humanos hasta convertirlos en un híbrido realmente desagradable.

Slither: La plaga (2006), de James Gunn

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Antes de triunfar con Guardianes de la galaxia y convertirse en director de serie A, James Gunn debutó con una comedia de terror que abrazaba los fundamentos de la Troma, productora de serie B responsable de la mítica saga de El vengador tóxico en la que se formó como artista. Desde su trailer, Slither: La plaga prometía grandes dosis de repugnancia, y podemos decir que cumplía con lo prometido, sobre todo en lo que respecta a la degeneración de un Michael Rooker (actor fetiche de Gunn) infectado por una de las muchas babosas alienígenas que intentaban apoderarse de un tranquilo pueblo americano. Tensión, fluidos viscosos y casquería (entre el CGI y los efectos prácticos) rebosaban de esta rocambolesca historia de parásitos del espacio exterior con unos jóvenes Nathan Fillion y Elizabeth Banks como protagonistas.

Zombis nazis (2009), de Tommy Wirkola

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En pleno revival del cine sobre muertos vivientes, Tommy Wirkola firmaba uno de los últimos grandes exponentes del splatstick con esta historia sobre un grupo de adolescentes que, en plenas vacaciones de desmadre en las montañas noruegas, se encuentra con una división de la Einsatzgruppen en pleno proceso de descomposición, pero tan sanguinaria y racista como en los mejores momentos del Tercer Reich. Humor negro y los fundamentos básicos del slasher se combinaban en esta Zombis nazis rebosante de casquería, humor negro, muertes imaginativas y muy poca vergüenza (en el mejor sentido de la palabra). Tuvo secuela, menos original, pero con más presupuestos e ideas aún más descabelladas.

Abierto hasta el amanecer (1996), de Robert Rodríguez

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Quentin Tarantino, todo un fan del cine de serie B, escribió y co protagonizó junto al George Clooney más badass de su carrera esta locura repleta de tacos y violencia desenfrenada. Tarantino y Clooney interpretaban en Abierto hasta el amanecer a dos criminales buscados por la ley que, para cruzar la frontera con México, secuestraban a la familia de un pastor en plena crisis de fe. Su refugio era un sórdido bar de carretera donde todo iba como la seda, hasta que Salma Hayek terminaba uno de los bailes más sensuales de la historia del cine y los recién llegados se daban cuenta de que eran el plato principal de un aquelarre de vampiros muy poco sofisticados. One liners dignas del mejor Harry el Sucio, crucifijos-escopeta y pistolas que salen de la entrepierna rugían en medio de un desvergonzado festival de casquería dirigido por Robert Rodríguez.

Zombies Party (2004), de Edgar Wright

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Edgar Wright abría con Zombies Party su llamada "Trilogía del Cornetto", formada por tres films independientes unidos por el mejor (y más negro) humor británico, algunas dosis de gore, conos de helado y la genial pareja cómica formada por Nick Frost y Simon Pegg. En la cinta, Wright parodiaba los grandes clásicos del cine de muertos vivientes mientras coqueteaba con los tropos del cine romántico. Algo de crítica social, pero sobre todo hilarantes gags repletos de sangre y casquería ilustraban el camino de Shaun (Pegg), un hombre que, tras una ruptura, se esforzaba por ser mejor persona y recuperar a su novia justo cuando estalla el apocalípsis zombi.

Gremlins (1984), de Joe Dante

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Hoy en día nos reímos y hasta nos enternecemos con las aventuras de Gizmo y sus traviesos congéneres, pero allá por los 80, cuando la muchachada era más impresionable, Gremlins provocó más de un ataque de pánico, sobre todo en esa fase en que los simpáticos peluches se transformaban, fluidos viscosos mediante, en criaturas reptilianas de colmillos afilados. Su proceso de descomposición al ver la luz del sol, aunque tranquilizador, no resultaba menos desagradable. Joe Dante, todo un genio en esto de mezclar terror y comedia, proponía un cóctel de diversión y tensión que intentaron replicar, con más sangre y mala leche, la saga Critters en sus 5 entregas (la tercera, con un actor novel de nombre Leonardo DiCaprio) y, más recientemente, la delirante Zombeavers.

Autor: Guía del Ocio Fecha de actualización: 12/08/2020

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